miércoles, 10 de diciembre de 2014

India: Rajasthan y Utar pradesh (Agosto/14) (II parte)


Este destino lo teníamos un poco en interrogante, sin estar seguro de visitarlo. Nuestro guía nos había comentado que era un lugar algo delicado e incluso pudiera ser peligroso. Por lo visto, unos años atrás se vieron implicados en una pelea entre los seguidores musulmanes e hindúes.
Como algunos del grupo queríamos ir, sobre todo para ver la zona de la gran mezquita, nos pusimos en marcha y nos dirigimos hacia Ajmer, en la que estaríamos algo más de dos horas.
El autobús nos dejó en las afueras de la ciudad, así que cogimos varios tuc-tuc (100 rupias ida/vuelta) para que nos acercara al centro de la población. Una vez allí, anduvimos por una polvorienta calle que nos llevaba directamente a la gran mezquita.





Ajmer con casi medio millón de habitantes es una ciudad altamente religiosa, en la que se encuentra el mausoleo del santo sufí Khawa Moinuddin Chisti, el Dargah Charif.


Cientos de fieles y de peregrinos se dirigen al templo. Nosotros en medio del tumulto somos arrastrados hacia su interior.
En el recorrido podemos contemplar muchos peregrinos mutilados arrastrándose en el polvo de la calle, algunos sin miembros superiores e inferiores van rodando literalmente con dirección a la mezquita. Las imágenes son dantescas y por supuesto no las quise  fotografiar.
Una avalancha de seguidores canturreaba en alto, a la vez que portaban una gigantesca tela de colores con varias insignias y sujeta por muchos creyentes.
Nosotros allí en medio, atónitos y sin enterarnos de nada. Lo único que podíamos hacer, era observar con mucha precaución.


Muchos de los compañeros se quedaron fuera de la mezquita, algunos entramos dentro, siendo arrastrados por la gran masa de peregrinos.


Sin lugar a dudas era un lugar extraño y con un gran fervor religioso.
No pudimos fotografiar su interior ya que estaba prohibido, así que nos quedamos con el recuerdo y el ambiente vivido.
Los fieles entregaban sus ofrendas y más de uno lanzaba billetes de 10, 20 o 50 rupias en las inmensas urnas habilitadas para tal fin.
Como en cualquier mezquita nos tuvimos que descalzar, y con tanta gente yendo y viniendo más de un pisotón nos llevamos. Sin decir como quedaron  nuestros calcetines una vez que salimos fuera del templo.


Ya de regreso hacia los tuc-tuc nos íbamos deteniendo en los muchos tenderetes que había por las calles.


El vendedor de pétalos  nos  reclama para que vayamos a su tenderete. Me quiere verter en mis manos los pétalos rosáceos para entregarlo como ofrenda en la mezquita. Tengo que insistirle que ya estoy de vuelta, ya nos vamos. Él no me entiende, así que se lo explico con gestos. El me sujeta, y no me deja marchar. Al final casi me despisto de mis compañeros. 


Ya en el autobús, el conductor arranca y el aire acondicionado no funciona. Hace un calor infernal.
Bajan del autobús el conductor y el acompañante (que hizo de mecánico) para ver cuál era el problema. No dan con ello, así que nos dirigimos al hall de un hotel a esperar hasta que le dieran una solución. Al poco, nos dicen que un microbús vendrá por nosotros. Tras un par de horas de espera partimos hacia Jaipur.



Jaipur



Sobre las cinco de la tarde llegamos a Jaipur, tras recorrer los 140 km que los separa.


El hotel estaba cerca de las murallas de la ciudad y por lo tanto a diez minutos escasos a pie. Era un bonito complejo ajardinado, en donde la gran mayoría de mozos eran jóvenes nepalíes.


Nos instalamos y nos fuimos a recorrer las calles de Jaipur. En esta ocasión hicimos grupos más reducidos, y Nieves y yo partimos una hora después.

Con mapa en mano y algunas recomendaciones de nuestro libro guía nos perdimos por los grandes bazares de la ciudad.


Jaipur, junto a Agra y Benares forman el triángulo de oro más visitado de la India. Miles y miles de personas vienen todos los años a recorrer estas tres ciudades.
Jaipur, conocida como “la ciudad rosa” concentra una de las mayores zonas comerciales de la India. Cientos de ajetreados y bulliciosos puestos repartidos en unos pocos bazares. Otros tantos mercados repartidos por la ciudad venden de todo, desde joyas de plata, marionetas, sedas de alegres estampados, objetos típicos del Rajasthan, coloridos brazaletes…la ciudad emerge vitalidad por cada rincón de los bazares.


Cuando pasamos por sus tiendas, los comerciantes no dejan de acosarnos para que entremos en ellas. Muchos nos incitan con tomar una taza de té mientras ojeamos los objetos que venden.


Nieves quiere comprar unas pulseras para llevarla de regalo, así que son muchas las tiendas en las que vamos entrando, y a la vez aprovechamos  para charlar con los comerciantes, sobre su país.


Por fin se convence por algunas pulseras de  colorines. La joven que nos atiende va ataviada con un hermoso sari de color rojo, su marido queda al fondo del puesto y un bebe de pocos meses duerme en una pequeña cuna improvisada por varias telas.
Utilizando una antigua costumbre, las pulseras las ajustan de tamaño recalentándola en un pequeño cubo de rescoldos de leña, hasta dar con la medida exacta.


Seguimos avanzando por esta maraña de tiendas y a cada paso nos vamos encontrando con lugares sagrados en donde los hindúes se detienen a rezar y a depositar sus ofrendas.


Tras algunas horas paseando por las zonas de los bazares, consultamos el libro para cenar en algún restaurante típico y al ser posible que tuviese cerveza.


Así que negociamos con el conductor de un ciclorickshaw y nos llevó a un restaurante hindú con muy buena pinta. Lo único malo es que no tenía cerveza, así que de nuevo cogimos otro ciclorickshaw y nos llevó al restaurante “Niros”, exquisita comida, cerveza bien fresquita, y aunque un poco caro para estar en la India mereció la pena (8 € por persona).
Al salir del restaurante, una avalancha de conductores de tuc-tuc y ciclorickshaw se nos echaron encima para llevarnos al hotel. De nuevo negociamos el precio con un señor que veíamos que lo necesitaba, y que llevaba un simpático ciclorickshaw, 30 rupias tras el regateo (increíble precio). Le dijimos el nombre del hotel y el aceptó rápidamente. Según empezó a pedalear, veíamos que pegaba tumbos de un lado hacia otro, y que cuando se dirigía hacia nosotros veíamos que estaba bebido (o al menos eso es lo que a nosotros nos parecía).


Entre tanta obscuridad, veíamos que no tenía claro por donde tenía que tirar. Paró un par de veces para preguntar por dónde estaba nuestro hotel. Iba totalmente despistado. Nosotros como pudimos, con señas e indicándole el mapa le volvimos a indicar cuál era el hotel. Él nos lo afirmaba moviéndonos la cabeza de arriba abajo. Nosotros no lo teníamos muy claro.
Empezó a llevarnos por unas calles estrechas y solitarias totalmente a obscuras. Nieves iba un poco preocupada, yo realmente estaba alerta de lo que pudiera pasar. Después de esas estrechas calles desembocó en una avenida, la de nuestro hotel, realmente lo que hizo fue atajar por lugares que él conocía. Por fin llegamos, casi tres cuarto de hora después.



Día 11. Jaipur-Fuerte de Amber-Jaipur



A las ocho y media de la mañana salimos para visitar el fuerte de Amber, situado a unos 11 km de Jaipur. Es uno de los lugares más visitados del Rajasthan, y por lo tanto también de la India.


El fuerte de Amber es un complejo palaciego originalmente construido para por lo Meenas, quienes consagraron la ciudad de Amba, la Diosa Madre a la que conocían como “Gatta Rani” o “Reina del Pasado”.
El fuerte está ubicado en lo alto de una colina  sobre el complejo de Amber, y está construido a base de piedra arenisca roja y mármol blanco. Con vistas al lago Maotha, este está conectado con Amber por paisajes fortificados en un bello entorno.
Acercándonos a él  hicimos una parada antes de llegar para disfrutar de su enclave con el lago a sus pies.


Para subir al fuerte lo podemos hacer a pie por una empinada rampa, o como la mayoría de los viajeros hicimos, subir a lomos de un elefante.

Es una de las grandes atracciones del lugar y por lo tanto ya que estamos aquí habrá que hacerlo. En cada elefante se podrá montar un máximo de dos personas y el precio que cobran por elefante en la subida es de 900 rupias, más otros 100 que se quedan ellos directamente como propina.


Así que una vez montados en los elefantes empezamos a trotar hacia arriba por esa empinada rampa. Es un constante trasiego de estos enormes paquidermos que suben y bajan en busca de más viajeros.

Según subimos podemos ir disfrutando de un bello paisaje a las espaldas de Amber y con las aguas del lago allá abajo. Mientras tanto, la enorme trompa que elegantemente  lleva decorado nuestro elefante trasero no deja de resoplarnos como si nos quisiera alcanzar.


Realmente no deja de ser una atracción turística más, y por este motivo da de comer a muchas familias que se dedican a esto del turismo. He oído hablar que en alguna ocasión hubo algún problema un tanto peligroso, un elefante en la subida se alteró y armó una buena  zapa tiesta. El elefante es un animal dócil pero cuando enfurece no hay quien lo pare.


Tras unos quince minutos de subida, atravesamos la puerta principal del fuerte, siendo éste el lugar donde los elefantes van dejando a todos los viajeros.


Considerada como una de las siete maravillas de la India empezaremos a visitar el impresionante fuerte de Amber.
Dentro de él y en torno a un gran patio se sitúan todas las estancias reales. Al lado oeste se encuentra un jardín y junto a este se encuentra el Surk Mahal o Palacio del Placer. Todo un lujo con puertas de marfil y madera de sándalo. Sobre las paredes de mármol caían cascadas de agua.


La parte más antigua se sitúa hacia el sur. En un patio central se encuentra el Zenana o ginaceo (en persa, hace referencia a la parte de la casa reservada a las mujeres y a su séquito). La planta baja es para las princesas y la superior para las concubinas.


Quizás la estancia más espectacular es el “Vestíbulo  de los Espejos” el cual se encuentra totalmente decorado de pequeños  espejos.


Cuando la realeza vivía en este lugar, por la noche, cuando necesitaban pasar a través de estas estancias, tomaban una sola vela, y gracias al intrincado diseño de espejos, toda la habitación se iluminaba.

En todo el fuerte destacan  sus celosías, desde ellas las mujeres podían mirar tras ellas sin ser vistas.


Todo el complejo abarca hasta la cima de la colina donde puede verse el verdadero fuerte vigía, rodeado de una muralla militar y extensos sistemas defensivos.
En su interior vamos pasando de una estancia a otra a través de unos pasillos, algunos situados en el exterior.


Poco a poco vamos abandonando el fuerte, y para ello lo hacemos por otra bajada distinta de la que subimos.


Desde arriba nos fue acompañando un chaval, el cual de forma insistente nos quería vender un pequeño instrumento musical hecho a mano con caña de bambú. 


Durante todo el trayecto fuimos regateando hasta conseguir un buen precio, a la vez que disfrutábamos de unas excelentes vistas de todos los alrededores.






De nuevo en Jaipur


Tras varias horas visitando el palacio de Amber, volvimos a Jaipur. Nos trasladamos directamente al Palacio de los Vientos, uno de los edificios más originales y visitados de Jaipur.


Antes de entrar y justamente en la acera de enfrente del palacio, nos reclama con una atrayente musiquilla un encantador de serpiente, nos acercamos a él y picamos en la típica foto turística.


A continuación nos disponemos a entrar en el Palacio de los Vientos. El Hawa Mahal, su nombre en hindú, fue construido en el año 1799 por el Marajá Sawai Pratap Singh. Formaba parte del palacio de la ciudad y servía como extensión de la Zenana o cámara de las mujeres destinada al harén.


La función original del edificio era la de permitir a las mujeres reales observar la vida cotidiana de las calles de la ciudad sin ser vistas.


El Palacio tiene cinco plantas, las dos superiores un poco más estrechas, lo que le confiere una cierta forma piramidal. Está construida en arenisca roja y rosa con incrustaciones realizadas en óxido de hierro. 
La fachada que da a la calle tiene un total de 953 ventanas pequeñas. El viento que circula a través de ellas le dio el nombre al palacio. Este  viento  es el que permitía que el recinto se mantuviera fresco incluso en verano.
Ubicado en el centro de unas de las principales calles de la ciudad, no está rodeada de jardines, como sería habitual en los palacios hindús.


La estructura exterior del palacio recuerda a la cola de un pavo real, animal de gran simbolismo en la India.

No existen escaleras que lleven a los pisos superiores a los que se accede mediante rampas.


Está considerado como el máximo exponente de la arquitectura Rajput o Rashput (miembro de unos de los clanes patrilineales territoriales del norte y centro de la India), de hecho es el símbolo y el icono más representativo de la ciudad de Jaipur.


Para acceder a ella hay que hacerlo por la parte posterior del complejo. Habrá que pagar una cantidad simbólica (100 rupias) y otras tantas por realizar fotos en su interior. Lo más espectacular de este edifico es su fachada principal y las vistas que podemos contemplar desde la azotea del mismo.


Rozando el mediodía (hora de comer) decidimos primero visitar el Observatorio astronómico de  Jantar Mantar, aunque con una temperatura altísima, rondaba los 43º C.


Este observatorio solar es el más grande del mundo que aún se utiliza en la actualidad, pero es sobre todo una extraordinaria combinación de belleza arquitectónica de estilo mogol, y de una impresionante  astronómica para su época.

Hoy es un símbolo mágico-religioso aún vigente.


Se construyó entre 1728 y 1730 y contiene 15 complejos instrumentales astronómicos. Seis de ellos necesitan la luz solar y otros 10  funcionan con el reflejo lunar y estelar. Todos dan una medida precisa del tiempo. Cuando no se podían usar los relojes solares debido a la lluvia o al cielo cubierto, se empleaba la  clepsidra (reloj de agua) para medir el tiempo.


A continuación detallo cada uno de los instrumentos de medida, e omitido el nombre en hindú: pequeño reloj de sol, instrumento de la Estrella Polar, reloj de sol  emisférico, reloj de sol horizontal, instrumento eclíptico, gran astrolabio, instrumento de altitud, Muro meridiano, Sexante, reloj solar ecuatorial, instrumento zodiacal, esfera armilar, hemisferio cóncavo, instrumento circular, instrumentos altacimutales, e instrumento acimutal.


Todos perfectamente conservados, hacen que disfrutemos de esta visita, sobre todo con las ahondadas explicaciones de nuestro guía para entender tan curiosos instrumentos de medida.
Nos sorprende este trionio arquitectura-ciencia-religión en este lugar mágico que no podemos dejar de visitarlo si venimos a Jaipur.


El lugar es muy caluroso, parece que buscaron el sitio ideal en el que ubicar estos artilugios.
Huyendo del calor nos fuimos a almorzar al restaurante de nuestro hotel, descansar un poco y después, de nuevo a patalear los bazares y el gran ambiente de Jaipur.


Como dije anteriormente, Jaipur es conocida como “la ciudad rosa”, ya que todos sus edificios históricos están pintados de un color rosa salmón que en Rajastán  equivale al color de la suerte.
La ciudad está rodeada de una muralla almenada que tiene diez puertas. Atravesando esas puertas nos adentramos en el corazón histórico de Jaipur, dividida en nueve cuadrantes con calles anchas. De estos nueve cuadrantes dos están dedicados al complejo palaciego, el palacio de los Vientos y el Observatorio solar, los otros siete están dedicados al pueblo.


De nuevo, Nieves y yo nos adentramos en el barrio musulmán, una vez pasada una de sus puertas. Queríamos huir de la zona más turística  y descubrir la esencia comercial de Jaipur. Aunque no era una zona demasiado recomendable, penetramos en las callejuelas rodeadas de varias mezquitas. 


El gentío y bullicio comercial se percibía por cada rincón que pisábamos. Las construcciones se veían humildes e incluso en algunos casos bastantes deterioradas. Estábamos en todo el centro del barrio musulmán y estaba claro que por esa zona pocos occidentales habían pasado, ya que las miradas eran permanentes hacia nosotros.


Inmersos en esa zona, empezamos a caminar por algunas callejuelas algo incómodas. Llegó un momento que estábamos perdidos, aunque con el plano de la ciudad rápidamente nos orientamos.


Barberías, pequeñas tiendas de comida, puestos callejeros… todo era un espectáculo para nosotros y también para ellos al vernos pasar.


En alguna ocasión, incluso me costaba  fotografiar, eran escenas que tampoco quería que fueran violentas, así que poco a poco nos fuimos integrando en nuestro paseo.
Aquí se vende de todo, podemos encontrar de todo, y si somos capaces, incluso  comer en medio de un enjambre de extrañas comidas y no precisamente con muy buena cara. Si por lo contrario queremos llevar algo de comida podemos hacerlo: pescados, pollos al horno y colgados de forma curiosa…


A Nieves le escandalizaba todo esto, le horrorizaba ver los pollos allí colgados, así que más de una vez se tenía que tapar los ojos al pasar por esos puestos.

Las motos, bicicletas, tuc-tuc y ciclorickshaw no paran de pasar y a gran velocidad, en más de una ocasión hemos estado a punto de ser atropellados. Esto es una locura de ruido y de gentío que se mueve de un sitio para otro.


La tarde empieza a caer y la obscuridad se va apoderando de las calles. Seguimos inmersos en este caos comercial, donde unos gritan, otros rezan y otros simplemente están tumbados en camas improvisadas en medio de las aceras o dentro de sus propias tiendas.


A la vuelta de cada calle o de cada callejón nos deparaba una sorpresa. De pronto salimos a una pequeña plaza en donde las vacas pastaban a sus anchas en medio de centenares de basura. Todo era normal, ellas tienen libertad de ir de aquí para allá, comiendo donde le plazcan y sin dar explicaciones a nadie.


Tan pronto vemos a estos animales haciendo sus necesidades, como a un vendedor ambulante con una enorme bandeja de dulcecillos que pasa junto a ellos. Nadie se inmuta, aquí todo es normal, llevan siglos viéndolo.
Los críos corretean, juegan. Muchos van descalzos, y ajenos a estas montoneras de basura siguen jugando y sonriéndonos a nuestro paso.

Poco a poco vamos saliendo de estas callejuelas y nos dirigimos a las grandes avenidas, en donde algunas de ellas dan directamente a las puertas de la ciudad. Por fin, podemos respirar algo mejor, aunque el gentío comercial sigue vivo en las calles.


Al pasar por las puertas y en un pequeño estrechamiento, una moto con dos chicos montados vienen de frente, al pasar junto a nosotros se lanzan hacia Nieves para cogerles los pechos. Sin casi tener tiempo para reaccionar, Nieves se gira bruscamente y le golpea con el bolso a la cara de uno de ellos, la moto tropieza en uno de los puestos callejeros y a punto estuvo de caerse, mientras que Nieves salía detrás de ellos voceándoles algunos insultos…


Al pasear por una de sus calles, oímos la alegre musiquilla que provenía de una terraza. Nos fue atrayendo, así que nos acercamos para curiosear que es lo que era.


En ese instante entraban unos jóvenes, los cuales nos invitaron a pasar. Era la celebración de una boda, y en ese momento estaban bailando, así que todos se acercaron a nosotros y nos sacaron a bailar. Nieves se sintió agobiada y no era  para menos ya que todos se lanzaron hacia nosotros, dimos unos pequeños compases con ellos y ante tal presión, abandonamos la fiesta.


Ya dando por finalizada la visita a Jaipur, nos fuimos a cenar al restaurante “Copper Chiney” con una buena comida, y a dormir.



Día 12. Jaipur-Fatehpur Sikri-Agra


Salimos con dirección Agra sobre las 8,30  de la mañana, después de recorrer 235 km, y antes de llegar a Agra, a solo 40 km,  nos detenemos para visitar el complejo de faethpur Sikri. Una vez que llegamos al complejo, un microbús nos acerca hasta las mismas puertas de los edificios.


faethpur Sikri, capital anterior del imperio de Mughal, fue construida por Akbar como su capital en 1569, pero abandonada quince años después, probablemente debido a la carencia de agua.


Los edificios de piedra arenisca roja que conforman el monumental complejo se conservan perfectamente y consisten en palacios, patios, tumbas y mezquitas.


Complejo declarado patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986, conserva su magnífica arquitectura, mezcla de los estilos hindú e islámico, aunque en tiempo atrás fueron saqueados muchos de sus tesoros.


Casi sin darnos cuenta hemos dejado el territorio del Rajasthan para adentrarnos en tierra del estado de Uttar Pradesh.
Dentro del complejo podemos diferenciar dos zonas: La civil y la religiosa. En la primera es donde se encuentra los palacios y las salas de audiencia; y la segunda nos encontramos con la gran mezquita de Jami Masjid.


El diseño de la ciudad muestra un efecto espacial muy rico debido a la organización de los edificios que están construidos alrededor de espacios abiertos y de una manera muy original.

Los edificios más destacados son el Naubat Khana cerca de la entrada donde se  anunciaba a las llegadas importantes.



El Diwan-i-Am, salón público de audiencias, tiene un aspecto rectangular con un gran espacio abierto.
 El Diwan-i-Khas, salón privado de audiencias, famoso por su pilar central que aguanta una plataforma circular.
El Palacio de Mariam-uz-Zamani, este edificio muestra la influencia de Gujarat  y está construida alrededor de un patio.

El Raja Birbal’s house, esta era la casa del ministro favorito de Akbar.


Según nos revela la historia, aquí es donde  querían que confluyeran todas las religiones. Asi fue, el gran Abkar quiso unificar todas las religiones para hacer una sola. Cuentan que Abkar estaba tan obsesionado con las religiones que se marcó como objetivo unificarlas. Para ello tomó cuatro esposas de las cuatro religiones más importantes, y dicen también que su preferida fue maría, una portuguesa de Goa.


Estábamos visitando el complejo cuando vemos un grupo de personas gritando, a la vez que corrían de forma acelerada. Por segundos el pánico se estaba apoderando del lugar.


Me  acerco al lugar de donde la gente corría y mis ojos se quedan atónitos cuando veo una enorme serpiente arrastrándose entre los edificios. Los guardas del recinto empiezan a correr hacia ella, hasta lograr alcanzarla. A base de palos, y siempre bien retirado del reptil, por fin los guardas consiguen matarla.
Mientras tanto las señoras ataviadas con saris de elegantes coloridos siguen moviéndose por el interior de las edificaciones, y yo, sigo ensimismado disfrutando de estos majestuosos edificios que estáticamente reposan siendo testigos de la historia.


Abandonamos el complejo civil para dirigirnos a la gran mezquita. Un pequeño paseo de algunas decenas de metros nos separa ambos recintos.
Vendedores ambulantes improvisados nos acechan a nuestro paso, muchos de ellos niños, que nos quieren vender fotografías en forma de postales del Fatehpur Sikri; otros, frutos exóticos; otros, pequeños colgantes haciendo a la vez de llaveros…


La Gran mezquita o Jama Masjid es sin lugar a dudas el edificio mejor conservado de todos. La entrada a la misma es realmente espectacular.


Se hace a través de la Puerta de la Victoria de 54 metros de altura tras la cual podemos contemplar un imponente patio. En el centro encontramos un estanque y junto a este, se erige una pequeña y hermosa tumba de mármol blanco. Se trata de la tumba de Shaik Salim Cristi el santo ermitaño que según cuenta la leyenda concedió la gracia de tres hijos al emperador Akbar, y por lo cual éste construyó la ciudad de Fatehpur.


Desde entonces, esta tumba sigue siendo un lugar venerable a la que vienen miles de hombres y mujeres en la que depositan flores y monedas con la esperanza de ser bendecidos con un hijo. Familias enteras se acercan a ella, dan a vuelta sobre el cenotafio y se postran a sus pies.


Alrededor nuestro siguen los críos acosándonos, queriéndonos hacer de guías o simplemente insistiendo en la venta de sus pequeños suvenires.

Este imponente patio está rodeado de soportales y salas por las que discurren cientos de musulmanes en busca de un día de convivencia con el Islam.


Me traslado hacia el interior de la mezquita y rodeado de un fresco ambiente voy caminando entre el rezo de los creyentes.

Bajo los grandes soportales, decenas de musulmanes reposan tumbados, a la vez que charlan, e incluso varios aprovechan para vender algunas ofrendas en pequeños tenderetes.


Para los musulmanes tener el cabello rojo sigue siendo honrado, así que muchos de ellos se lo tiñen  o colorean para estar más cerca del profeta Mahoma. 


De vuelta al autobús tomamos rumbo con dirección a Agra, a la que llegaríamos sobre las 5 de la tarde.






Agra, la ciudad del Taj Mahal


Una vez en Agra nos dirigimos directamente a nuestro hotel. Como todos en los que nos estábamos quedando, fantástico, y con una exquisita decoración. Nos dan la bienvenida con un collar de flores y degustar algunos aperitivos.


Una vez dejado todo en la habitación, de nuevo, Nieves y yo nos dispusimos con mapa en mano, a dar una vuelta por la zona musulmana de Agra, en los alrededores de la gran mezquita.



Antes, le consultamos a nuestro guía por esa zona, y él rápidamente nos dijo que no era recomendable, y más cayendo la noche. Tanto Nieves como yo ya llevábamos muchos kilómetros a nuestras espaldas, así que atendiendo a lo que nos había dicho y junto a nuestra experiencia, buscamos un Tuc-Tuc, negociamos con él (200 rupias) y nos dirigimos hacia esa zona.



Eran siete kilómetros los que nos separaban del hotel, de este modo quedamos con el conductor que nos llevara, y pasadas dos horas volviese a por nosotros. Tiempo suficiente para ver la zona y nutrirnos de ese espectacular ambiente musulmán.  Para no despistarnos del tuc-tuc (porque todos parecen iguales) fotografié el lugar de donde nos tenía que recoger, y a la vez al conductor con el tuc-tuc.


 Una vez allí, el gentío abarrotaba las estrechas callejuelas adyacentes a la gran mezquita. Todos nos miraban raro al pasar, quizás también influía por el color rosáceo de la falda de Nieves que con un pequeño dibujo en la parte baja la hacía más llamativa.


Con la noche ya apoderada de nosotros, la iluminación era escasa, y el gentío no parecía aminorar. La vida agitada se respiraba en cada tenderte por el que pasábamos. Ropas de muchos colorines dispersas por el suelo, kioscos de bebidas, de dulces…puestos callejeros de todo tipo.


En un par de ocasiones el corte de luz (bastante normal en la India) nos dejó totalmente a obscuras. Así que a tientas seguíamos avanzando por aquellas callejuelas repleta de personajes de lo más curioso.


Nos vamos deteniendo en cada una de las tienda, algunas con unas condiciones higiénicas más que dudosa. Nos llama la atención una de ellas, en la que venden barras de hielo al igual que en España hace ya años.


En una gigantesca  sartén, dos afanados muchachos, fríen especie de unas tortitas tipo buñuelo en un aceite bastante apagado de color. Algunos transeúntes se detienen para tomar algunos. A mí, francamente me gustaría probarlo, ya que mi estómago me dice que sí, pero por otra parte, mi instinto me dice lo contrario, así que hago caso a lo segundo y solo me quedo en observarlo.


Lo que si hacemos es entrar en un restaurante hindú, en el que los nativos se dan su comilona.


Nosotros no comeremos, solo tomaremos algo embotellado, dos Coca-Cola. Nos sorprende el precio de lo consumido. 15 rupias cada una (increíble, 18 céntimos de euro), cuando lo que pagamos nosotros cada vez que comemos en restaurantes más acondicionados es en torno a 100 rupias.


Y la comida ni decir, un plato que habitualmente nosotros pedimos, cuesta entre 200-300 rupias, aquí el mismo no llega a 100. Pero viendo las salsas, los recipientes y el lugar. Uno debe de tener claro dónde comer y cuánto pagar, salvo que uno quiera  ir directamente al hospital, que por desgracia eso es lo que le pasa a mucha gente cuando va a la India. Aunque quisiéramos, nuestros cuerpos no están tan adaptados como los suyos.


Seguimos paseando, cuando vemos la entrada a un mercado, pues allá vamos, a seguir mezclándonos con el ambiente.
Parece que a estas horas algunos puestos empiezan a cerrar, y los que más vemos son los vendedores de dulces, que dicho de paso tienen una buenísima cara, pero con tantos insectos revoloteando alrededor, no nos atrevemos a comer alguno.


Salimos del mercado y ya nos dirigimos a uno de los laterales de la mezquita que es donde habíamos quedado con nuestro tuc-tuc sobre las ocho.


Día 13. Agra



Llegó el día de visitar el Taj Mahal, actualmente reconocida como una de las siete maravillas del mundo moderno, junto al Chichén Itzá en México, el Coliseo de Roma, el Cristo Redentor de Río de Janeiro, la Gran Muralla China, el Machu Picho en Perú y la ciudad de Petra en Jordania.
Teníamos que madrugar para visitarlo, así que a las cinco de la mañana habíamos quedado. Abrían a las seis. La idea era verlo a primeras horas cuando los colores del amanecer la hace más bella y además con poca gente. A las cinco y media ya estábamos haciendo cola, éramos los primeros. Así que con cara de sueño y algo hambriento esperamos en la puerta (750 rupias la entrada para extranjeros).


Para acceder al interior, los controles son rigurosos y exhaustivos. Tendremos que pasar por un arco de detección de metales. A las mujeres le hacen abrir sus bolsos y todo aquel que lleve una mochila, al igual será registrado. Debemos de recordar que india es susceptible al terrorismo y de hecho ya ha habido varios atentados en   los últimos años.


Mientras que esperamos a que los compañeros pasen el correspondiente control, aprovecho para echar un vistazo a los edificios y a los jardines de la entrada.


El Taj Mahal, la joya turística de India pertenece al patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1983, con la siguiente descripción por las autoridades de la Unesco.


“El Taj Mahal es una joya del arte musulmán de India y una de las obras maestras del patrimonio de la humanidad más admirada de forma universal”.
Esta maravilla arquitectónica es una pieza maestra de perfectas proporciones y exquisita simetría realizada en mármol blanco decorado con incrustaciones de piedras preciosas con la técnica florentina de la “piedra dura”


Aunque es cierto que estamos hablando de una extraordinaria obra de arte mogola,  es sin duda una de las visitas obligadas cuando se viaja a la India, siendo este el icono turístico por excelencia.


Es impresionante, claro que lo es. Es hermoso, majestuoso, imponente y en él caben todos los calificativos de grandeza, pero quizás no era mi destino preferido, puede que sea por lo turístico, lo masificado y lo explotado que está. Pero estando en la India hay que visitarlo.


Vista del Taj Mahal desde el Fuerte Rojo


Este edificio fue construido por más de 20000 artesanos y obreros traídos para su construcción desde lugares tan lejanos como Persia, Turquía, Francia e Italia, a los que llevó 23 años construirlo, empezándose en el año 1631 y terminándose en 1654.



Este “Poema de amor en mármol” construido a orillas del río Yamuna por el emperador musulmán Shah Jahan de la dinastía mogola, fue erigido en honor de su esposa favorita Arjumand Bano Begum, más conocida como Mumtaz Mahal, que murió en el parto de su decimocuarta hija. 


Este monumento ha logrado especial notoriedad por el carácter romántico de su inspiración, siendo uno de los lugares más visitados del mundo.
El emperador desconsolado inició casi enseguida la construcción del Tajj Mahal como ofrenda póstuma. Todos los detalles del edificio muestran su naturaleza romántica y el conjunto hace alarde de una estética espléndida.

Se dice que después de terminar dicha obra arquitectónica el emperador hizo que a los obreros se les cortara las manos para que jamás se viera otra obra igual.


Cientos de inspiraciones poéticas han seducido  a viajeros, poetas y escritores, como por ejemplo la realizada por Rabindran Ath Tagore:

“Una lágrima en la mejilla del tiempo”

O la escrita por Rudyar Kipling:


El Taj Mahal parece la encarnación de todas las cosas puras, de todas las cosas santas y de todas las cosas infelices. Este es el misterio del edificio.


Cuando entramos y después de atravesar los jardines y el pórtico, vemos allí de frente el imponente edificio, nuestros rostros quedan impactados por contemplar tanta belleza. 


El majestuoso edificio blanco hacía que resaltaran aún más los cientos de saris de colores que paseaban por los alrededores del recinto. Admirar, fotografiar y disfrutar de esos maravillosos momentos era lo que constantemente me venía a mi mente. Estaba en el Taj Mahal.


Ya llevaba algo más de una hora dando vueltas por este recinto. Era impresionante percibir tantas sensaciones. Ya dentro del edificio (bastante austero y sin prácticamente decoración alguna) se encuentran los mausoleos del emperador y de su querida esposa.  


En su lecho de muerte, a los 74 años pidió que se le colocara un espejo para ver la tumba de su esposa.



Tras dos horas y media de visita por el complejo del Taj Mahal, lo fuimos abandonando para dirigirnos directamente a nuestro hotel y darnos un buen desayuno, pero antes quisimos inmortalizar el momento con todos los miembros del grupo,fotografiándonos delante del Taj Mahal.




El fuerte rojo de Agra Situado a solo 2,5 km al noroeste del Taj Mahal  y ubicado en la orilla oeste del río Yamuna, éste está construido en piedra arenisca roja (a lo que se debe el nombre) por el emperador mogol Akbar entre 1565 y 1573.


Podríamos decir que realmente se trata de un palacio amurallado, encerrando en su interior un impresionante conjunto de palacios y edificios señoriales con estilos arquitectónicos que varían desde la complejidad de lo construido por Akbar y la simplicidad de lo construido por su nieto Shah Jahan y rodeado de un profundo foso que se llenaba de agua del río Yamuna.


Se accede a este impresionante complejo a través de “Amar Sing gate” encontrándonos una vez dentro a la derecha el “Jahangiri mahal”,  único palacio que data del reinado de Akbar.


Declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983, esta es la fortaleza más importante de la India.


Las murallas de la ciudadela culminan en almenas apuntadas, miden unos 20 metros de alto y su longitud total es de 2,5 km. En su lado este, junto al río, es recto; el resto traza un arco hacia el oeste y está protegido por el foso.

En su interior podemos disfrutar de la visita de numerosos edificios palaciegos, quizás un de los rincones más bellos es el Khas Mahal un enorme salón de mármol blanco repleto de columnas ornamentadas.



Además de recorrer el interior de los palacios, no nos podemos perder las impresionantes vistas que rodean a este lugar, sin olvidar la panorámica del Taj Mahal en la orilla del río Yamuna.

En todo el recinto del fuerte encontramos una gran cantidad de detalles por los distintos rincones de los palacios: puertas, techos y columnas, todos ellos realizados por muchos artesanos anónimos y que durante los años de su construcción colaboraron de alguna forma para crear esta verdadera obra de arte.


El Taj Majal visto desde el Fuerte Rojo





                                           El  fuerte visto desde el Taja Mahal



Sobre el mediodía abandonamos el Fuerte para dirigirnos al hotel, ya que a las 13,30 tendríamos que hacer el check out y a las 18 horas partiríamos  hacia la estación de trenes con dirección a Benarés.


Varios detalles del interior del Fuerte con el colorido de los saris hindúes


Tren Agra-Varanasi (Benarés)




A las 20,30 horas partiría nuestro tren hacia Benarés. 


Como nos teníamos que desplazar hasta una localidad cercana (unos 40 km) e íbamos con tiempo,  hicimos una parada en los tenderetes callejeros de Agra para abastecernos de comida (sobre todo fruta) y bebida para todo el viaje, ya que  pasaríamos   toda    la  noche  en  el   tren y

teniendo en cuenta que sería nuestra primera experiencia en este atractivo medio de locomoción, había que ir bien preparado.

Ya cerca de la localidad de donde teníamos que coger el tren, el caos circulatorio era tremendo, no había forma de avanzar, el autobús quedaba atascado entre tanto coche, gente, tuc-tuc…los minutos pasaban y al final llegamos con el tiempo justo, algo más de las ocho. La obscuridad invadía la zona de la estación, no se veía nada, solo se escuchaba el gentío que iba de un lado hacia otro, y los muchos porteadores que se acercaba a nosotros para llevarnos las maletas. Corriendo hacia nuestro andén llegamos quince minutos antes de la hora prevista de salida.


Mientras que esperabamos el tren disfrutamos de curiosas  escenas y de pintorescos personajes que asomaban por la estación. Los trenes que paraban iban atiborrados de gente, no cabía ni un solo alfiler.

Los vendedores de comida aprovechaban la parada para acercarse a las ventanillas y ofrecer sus delicateces. 


Casi una hora después de la salida prevista cogimos nuestro tren. Un compartimento de literas  para cuatro personas. Nieves y yo y una pareja  de jóvenes madrileños, aunque ella era argentina, pero llevaba tiempo en Madrid, él era médico y ella psiquiatra. Viajaban solos, si bien, llevaban todo concertado con una agencia de viajes que se encargaba de recogerlo en cada uno de los destinos ya prefijados. En una larga conversación nos comentaron que recién llegados a la India cayeron enfermos, con una fiebre alta, vómitos y diarrea. Según nos comentaron comieron pescado en mal estado y eso hizo que estuvieran un par de días a base de medicinas. Ya lo dije al principio, es importantísimo saber lo que uno se lleva a la boca…
El compartimento estaba bastante aceptable, pudiendo dormir toda la noche. Mucha  diferencia había con los otros vagones de segunda clase en el que la gran mayoría de hindúes viajaban. Todos apiñados en asientos en no muy buenas condiciones. Para mí era inevitable avanzar por todos aquellos vagones hasta el final del tren y curiosear la vida del mismo. Francamente nosotros podíamos decir que viajamos cómodo como cuatro europeos adinerados (eso sería lo que los otros pasajeros pensarían), quizás hubiera preferido viajar al igual que ellos para compartir más de cerca esta experiencia.

La hora de llegada estaba prevista entre las 5,30 y las 6, llegando al final a las 8,15. Esto es normal, raramente un tren llega a su hora.
Ya amaneciendo, por los pasillos del tren se escuchaba a un muchacho (vendedor, chai wallahs) que voceaba “chai”, “chai”, “chai”. Era la hora del té. El masala chai es una bebida típica de la india consistente en una mezcla de té con especias y hierbas aromáticas. 10 rupias la taza (12 céntimos).


Día 14. Varanasi (Benarés)


Al bajar del tren, los porteadores se acercan rápidamente hacia nosotros. Se les identifica bien porque visten con una túnica roja y pantalones claros.


Este país es increíble, no se cansa uno de presenciar curiosas imágenes. Pero encontrar las vacas tumbadas a sus anchas en el andén es algo difícil de imaginar. Junto a ellas, familias enteras duermen en los mismos andenes a la intemperie.

 Al fondo nuestros compañeros madrileños.




Ya en la estación nos esperaba un microbús que nos llevaría directamente a nuestro hotel, el Hindustam international, como  todos los anteriores, muy buen alojamiento.  En la recepción, el saludo de “Namaste”,  término que constantemente utilizan los hindúes para dar la bienvenida y normalmente acompañado por la inclinación ligera de la cabeza hecha con las palmas abiertas y unidas entre sí, ante el pecho, en posición de oración. Reparto de habitaciones, un buen desayuno  y a las  diez de la mañana quedamos de nuevo para recorrer la espectacular e impresionante ciudad de Varanasi. De toda la ruta prevista en la India, este era sin lugar a dudas mi lugar favorito y el que con más ganas quería disfrutar. Es un destino místico, espiritual, religioso…la ciudad de Shiva a la orilla del Ganges, es una de las ciudades más antiguas del mundo y ante todo la más sagrada de la India. Ciudad eterna, de la muerte, la luz y la vida como la califican los hindúes.




Lo primero que hacemos es visitar “el templo de la Madre India”, un lugar tranquilo y apartado del caos de Varanasi, construido en 1918.
Su principal atractivo es un enorme mapa de mármol blanco esculpido en el suelo donde se puede ver todo el subcontinente indio en relieve.  Observándolo  desde arriba, uno se da cuenta de lo gigante y diverso que puede llegar a ser la India.
Me llama la atención en la zona norte del mapa el pliegue formado por las gigantescas montañas de la Cordillera del Himalaya. Aunque la entrada es gratis siempre hay que dejarle algunas rupias al encargado de quedarse con los zapatos.
El objetivo de sus fundadores es que este templo represente la unión de todas las religiones y culturas que conviven en la India.


Nieves y yo nos separamos del grupo, queriamos recorrer y vivir esta milenaria ciudad a nuestro aire, sin tanta gente donde decidir que hacer, sin prisas. Realmente la queríamos descubrir.


Así que lo primero que hacemos es situarnos en el mapa, y dirigirnos a la zona del río Ganges donde se encuentran todos los ghats. Está lejos, con lo que negociamos coger una tricicleta para que nos llevase (100 rupias). Queremos hacer un recorrido por casi todos los ghats del Ganges, por lo que nos dirigimos al que está situado más hacia el sur, el Ghats “Assi”.




Nuestro conductor va pegando tumbo, quizás por el mismo pedaleo. Según avanza, vamos curioseando y fotografiando todo aquello que nos llama la atención, y son muchos los detalles que vamos descubriendo. Las basuras se amontonan en los márgenes de las calles, encargándose las vacas de limpiarla a base de ir comiéndolas.


Benarés o Varanasi (de los ríos Varuna y Assi) es una de las siete ciudades sagradas del hinduismo, así como para el jainismo y el Budismo. Antiguamente conocida también con el nombre de kashi. Es la ciudad más sagrada de la India y principal centro de peregrinación. Se cree que una de las cuatro cabezas del dios Brahma descansó aquí, y que aquí cayó la mano izquierda de la diosa Sati (esposa del Dios Shiva). Se dice que quien muere aquí o a menos de sesenta kilómetros de la ciudad queda liberado del ciclo de las reencarnaciones. 


El escritor satírico estadounidense Mark Twain escribió: “Benarés es más antigua que la historia, más antigua que las tradiciones, más vieja incluso que las leyendas, y parece el doble de antigua que todas juntas”.


Los baños en el río Ganges se consideran purificadores de los pecados. En su paso por esta ciudad el río Ganges cuenta con un importante grado de contaminación. Según la tradición todo hinduista debe de visitarla  al menos una vez en la vida.


Una vez  situados en el Ganges después de que nos dejara nuestro conductor, vemos que toda su orilla está repleta de Ghats, (áreas situadas en forma de escalinatas o graderío que acceden al río, lago o estanque y se utiliza como lugar de las abluciones hinduistas, aunque también como lugar de limpieza e higiene, También existen ghats específicos para las cremaciones que permiten lavar con agua sagrada las cenizas de los muertos) ubicados todos unos a continuación de otro.


Junto al Ghats de Assi encontramos a un grupo de hindúes realizando  una “puja” (culto) a los dioses por el fallecimiento de algún ser querido. Mientras que uno hacía sonar una campanilla, otro canturreaba con sonidos muy repetitivos, a la vez que entregaban distintas ofrendas de comida y bebida.


Muchos son los indigentes, santones y otros tantos curiosos personajes que duermen por la orilla del Ganges, al abrigo de pequeños altares con toda una  serie de símbolos hinduistas.


Para pasar de un ghats a otro, hay veces que no lo podemos hacer por la misma orilla, asi que nos adentramos por el laberinto de estrechas callejuelas que los separa.


En nuestro callejeo por esa zona podemos ir contemplando como transcurre la vida íntima de las familias hindúes más humilde.
Hay veces que incluso notamos una pequeña sensación de vértigo en términos de inseguridad.


Las callejuelas se encuentran en muy malas condiciones, a veces son tan estrechas que entre los excrementos de las vacas y las basuras amontonadas tenemos que estar pegando saltos para poder seguir avanzando.


Los niños corretean y juegan descalzos  ajenos a nuestra presencia, tras de ellos, se encuentran amontonadas decenas de toneladas de leña a la espera de ser utilizada para la cremación de algún difunto.


Es curioso como en estas callejuelas la vida transcurre con normalidad, al igual que todos los días. Salen a comprar, a vender a intercambiar. Se acercan a los ghats para realizar sus lavados, se asoman a sus templos para rezar…todo con naturalidad como todos los días.




Y aquí nosotros, Nieves y yo como dos europeos curiosos no dejamos de sorprendernos de esta cultura, de esta tradición, está religión y sobre todo esta filosofía de vida tan distinta a la nuestra.
Dos muchachas se afanan en la labor de freír unas tortitas que de forma tan natural realizan en un rincón de la calle. Ellas, engalanadas con todos sus abalorios y sus saris, de unos  intensos colores rojos y morados, siguen envolviendo y aplastando las tortitas sobre un simple papel de periódico.
Una de ellas penetra su mirada en mi rostro, la otra, tímida se oculta tras su pañuelo de color lila. Cuando me aparto, levanta su mirada y se la dirige a Nieves, cuando vuelvo, de nuevo su tímido rostro desaparece, como queriéndome evitar.


¡Qué espectacular y distinto resulta todo esto!, Seguimos avanzando por las callejuelas en busca de los otros gahts, de nuevo nos tenemos que detener. En esta ocasión una abuela con un crío nos llama la atención. A nuestro paso, nos extiende la mano en busca de algunas rupias. Yo abro mi cartera y saco algún que otro billete. Ella con la mirada nos lo agradece, el crío sin saber de qué va la historia nos lanza una pequeña sonrisa tras las payasadas que Nieves le hace con las manos.


Ahora hemos salido a otro ghats, pero tiene unas empinadas escalinatas y además abajo está totalmente embarrado, así que volvemos hacia atrás en busca del siguiente. Debo de recordar que son bastante frecuente las crecidas del río Ganges y que una vez que baja de nivel, las orillas quedan totalmente embarradas.


Desembocamos en otro ghats en el que estaban haciendo una cremación. Solo pude fotografiarla desde lejos ya que estando presente en la cremación está totalmente prohibido. Es lógico es un funeral.


Un muchacho hindú se acercó a nosotros y nos dijo que si la queríamos presenciar. Solo los hombres podíamos estar en  primer plano, Nieves se tuvo que quedar más hacia atrás.

El intenso olor humeante penetraba en mi cuerpo; el sofocante calor parecía abrasarme, cuando a lo lejos se escuchaba el grito y el llanto de algunos familiares; de repente, un grupo de perros salvajes empezaron a pelearse en medio de la cremación. Unos se lanzaban sobre otros, otros corrían a gran velocidad; los ladridos de algunos de ellos parecían ensordecer la escena. Nieves me agarró por detrás aterrorizada, yo de igual forma estaba espantado por aquella dantesca imagen de los perros. El muchacho que nos acompañó nos cogió a los dos, como protegiéndonos y nos apartó. Pasados algunos minutos todo volvió a la normalidad pero más de uno con el corazón sobresaltado. Son momentos difíciles de olvidar.
Esta ciudad tiene algo; tiene magia, todo es distinto: lo que se ve, lo que se respira, lo que se siente…


De nuevo salimos a una de las calles principales, paralela al río. El bullicio comercial se respira en cada tenderte por los que vamos pasando. Es difícil no chocar con los cientos de ciclorickshaws  y motos con las que nos encontramos de frente o incluso los que nos envisten por detrás. Cogemos uno para que nos lleve al Ghats de Harischandra (70 rupias), nos deja en la plaza principal, a partir de ahí tienen prohibido el acceso por la de miles de personas que circulan por la calle.







Una vez en el Ghats (uno de los más importante y quizás de los más turísticos) pudimos presenciar otra cremación. Pero antes, los vendedores de los tenderetes te reclaman para que les compre unos pequeños platos repletos de pétalos de variadas flores, mezclados con una pequeña cera encendida.


Una vez adquirido lo colocas en la orilla del río Ganges en forma de ofrenda a los dioses, en el que cuando lo colocas tienes igualmente que pedir un deseo. Nieves de forma espiritual y con gran inspiración hindú colaboró con esta creencia.


Muchos son los críos que se dedican a esto, encontrándose siempre preparados para cazar a algún viajero despistado y sacarle algunas rupias. De forma voluntaria te imponen que le des algún billete; con uno de 10 o 20 rupias ya es más que suficiente. De algún modo colaboramos con ellos y hacemos que más de uno pueda comer.




Muchos de los ghats tienen sobre sus escalinatas los templos hindus, en donde muchos de los hinduistas lo utilizan para realizar su último rito de la extremaución a aquellos que no necesitan la limpieza del fuego para purificar su alma, como por ejemplo los niños y las embarazadas.


Es todo un impacto en forma de disfrute cuando por una parte observamos los santones, en ocasiones semidesnudos, en la puerta del templo, las señoras con sus coloreados saris hacer la colada en las aguas del Ganges, los críos vendiendo las ofrendas a los viajeros y a originarios, algunos hindúes con posturas extrañas de yoga en las escalinatas junto a la orilla, otros vendedores improvisados tirando de  carretillas u otros con simples cestas cargadas de pétalos…

Es todo un espectáculo de imágenes y que solamente se puede vivir aquí, en la ciudad de Varanasi.


Es mediodía, y aunque estamos disfrutando de lo lindo, tenemos que dejarlo de momento y buscar algún sitio para comer. ¿Pero dónde? Llevábamos un libro en el que nos indicaba algún lugar interesante con comida hindú.




Así que nos lanzamos hacia el laberinto de callejuelas de la parte más vieja de la ciudad y empezamos a buscar y andar. Al primero que llegamos no nos gustó con lo que seguimos en busca del segundo; a esto que se nos pega un guía improvisado, insistiéndonos que él nos llevaría. No había forma de que se despegara, así que seguimos con él. Andamos y andamos por este caos de callejuelas atiborrada de gente. La nueva dirección que le dimos era de otro buen restaurante, en quince minutos llegamos con nuestro guía. Mala suerte solo abren por la noche.


Seguimos en busca de otro bar que él nos había recomendado. Tras otros diez minutos y ya totalmente perdidos llegamos a él; estaba en obras con lo que otra vez a andar.
Yo ya me estaba cabreando, hambriento, y entre tanto caos, me sentía algo agobiado, así que le dije que nos llevara a un lugar cercano y que estuviera bien. En cinco minutos llegamos a otro bar, que seguro que sería de un colega suyo, ¿Qué había de comer?, nada. Con lo que nos pedimos  unas bolsas de patatas y unas cervezas bien caras (4 €) pero también fresquitas. Por fin estábamos sentados y en plan tranquilo, así que repetimos el mismo refrigerio y aperitivo.


Nuestro guía improvisado nos quería seguir mareando de tienda en tienda (en todas las que se llevaba comisión por llevar a los turistas), ya cansados le tuvimos que dar un ultimátum. Se acabó esta es la última, así le dijimos; por fin nos desprendimos de él.
Nieves quería comprar algunos regalos, así que de nuevo a callejear y de tiendas, pero por lo menos a nuestro aire.
Estaba mirando un escaparate cuando se dirigieron a mí una pareja de jóvenes, eran israelitas, empezaron a preguntarme y hablarme sobre algo en inglés, pero francamente no los entendía, así que llamé a Nieves (recuerdo que es profesora de inglés en la escuela oficial de idiomas de Valencia) para ver qué es lo que querían.


La pareja, al día siguiente partían para Nepal. Tenían un librote gordo de la India (de Loney Planet) y nos lo querían dar para no cargar con él, así que gratuitamente nos lo dieron.


Seguimos callejeando pero ahora dirigiéndonos al Gaths de Manikarnika, este es de visita obligada y es el principal Ghat de cremaciones. Se trata de uno de los más antiguos y es venerado dentro de la religión hindú.
Las familias incineran a sus muertos colocados sobre una pila de leña. Esta se vende por kilos (unos 300 kg por incineración). Solo acuden a la incineración los hombres. Las cenizas se arrojan al Ganges. Según su religión con la incineración su alma se libera y llegan al Nirvana. Para todos aquellos que no son incinerados, es decir sumergidos en el río, su llegada a la Nirvana y posterior reencarnación se retrasa.


No son incinerados en 5 supuestos: Los Santones, los niños, las embarazadas, el muerto por la picadura de una cobra y los leprosos, a los cuales ya se consideran puros por su condición  o por el sufrimiento anterior a su muerte.
En estos casos el  cadáver es envuelto en una tela y arrojado al Ganges con una piedra atada al cuerpo y que ayuda a que se hunda más rápidamente. En muchas ocasiones estas cuerdas se rompen y los cuerpos aparecen putrefactos en alguna orilla del Ganges.


Tampoco se podrán incinerar aquellos que no puedan pagar la leña, en estos casos son también arrojados al río.


Aunque ellos están inmunizados y acostumbrados a estas aguas, he de recordar que ellos se asean y lavan en el mismo  río, para nosotros sería arriesgarse demasiado si quisiéramos bañarnos en sus aguas, ya que fácilmente podríamos coger alguna enfermedad infecciosa, puesto  que aparte de los cuerpos arrojados a las aguas, las cenizas de los cuerpos incinerados, muchos de los desagües de Varanasi  van a parar al río.





Antes de presenciar la cremación estuvimos un rato por la zona del ghat y en la orilla del río disfrutando de cientos de curiosas imágenes. Solo hay que sentarse en la escalinata y dejar que los minutos pasen. Ante nosotros transitarán personajes de lo más curioso.
Familias enteras con sus crios se situan en el entorno de las cremaciones (lejos de ellas) bajo unas sombrillas, muchas veces aquí pueden pasar horas haciendo su vida.





Estando en el Ghat de nuevo nos salió un guía. ¿Queréis ver una incineración desde un excelente mirador?, nos preguntó. Estaba claro que él lo conocía, así que aceptamos con todas las posibles consecuencias que nos podíamos imaginar. Pero muchas veces si te arriesgas, descubres, sino, tienes que buscarlo tú, y quizás no des con ello, y más en este lugar que es tremendamente delicado.


Así que nos fuimos con el y empezó a meternos por verdaderos rincones espelugnantes.


Callejones con cientos de toneladas de leña amontanada para todas las incineraciones. Las cabras caminan a sus anchas por lo alto de los maderos. La basura se encuentra inmersa en esa estampa como algo normal y habitual. ¡Es raro que no viese una vaca por aquí!


Tras algunos minutos andado por aquellas montoneras de leña llegamos a una terraza. Ese sería nuestro mirador. Efectivamente una vista inmejorable, ya que las incineraciones las teníamos justo debajo de nosotros. Al asomarnos, aquello resultaba dantesco y difícil de presenciar para aquellas personas con una cierta sensibilidad a estos temas. La ceniza revoletaba frente a nuestros ojos e incluso a esa altura podíamos notar el sofocante calor. Eran varias incineraciones a la vez.


                                         Vista de la incineración desde la terraza

Una vez en la terraza, nuestro acompañante nos dijo que estaba totalmente prohibido fotografiar, por una cuestión de respeto a su religión. Aunque comprobé después que si hay dinero de por medio esto se puede conseguir.
Nieves y yo nos apoyamos sobre una balaustrada y empezamos a presenciar todo aquello. Ya lo se que es difícil de entender, pero estando allí tan cerca no pude evitar el intentar hacer alguna fotografía. Así que con la camara colgada y entre los barrotes de la balustrada hice un par de fotos apuntando directamente hacia abajo, Más tarde miraría haber que había salido.
A los cinco minutos subieron rápidamente dos hindúes pidiéndome que les diera la cámara, ya que desde abajo me habían visto hacer fotos. Yo les dije que no, a lo que ellos me quitaron la cámara para ver la pantalla y correr las fotos que había hecho para comprobarlo. Yo rápidamente las borré antes que ellos se percataran. Empezaron a amenazarme que llamarían a la policía para que me arrestasen o les tenía que pagar 7000 dólares por la infracción. Uno de ellos sacó el teléfono e hizo como que llamaba a la policía, yo les insistía que mirasen la cámara haber que foto había hecho (ya las había borrado). La escena se estaba calentando y Nieves se envalentó, cogió su cámara y dijo que iba a grabar todo lo que estaba sucediendo para poderlo atestiguar. Nuestro acompañante medió en la trifulca y la cosa se tranquilizó. Solo pude recuperar la foto donde parcialmente se veía la cremación con todas las vacas en la orilla. Posiblemente todo esto sería un montaje para sacar el dinero.Hay que tener     precaución con las estafas en este ghat.


De nuevo bajamos y nuestro guía improvisado nos acompañó hasta las escalinatas del ghat adjunto. Le dimos 200 rupias y él bien contento nos saludó con su corrpondiente “namaste”.

Seguimos respirando de este ambiente, intentando mantener conversación con algunos de los comerciantes que a base de risas y señas nos pudieron comentar algunas curiosidades de la zona.


Muchos viajeros y turistas despistados tienen que ir con los ojos bien abiertos porque  los que melodean por la zona están al acecho de cazar a algún extranjero desorientado, y puedo asegurar que más de una vez, uno se queda realmente aturdido con tanto caos. Muchas veces la experiencia y el sentido común es el que nos hace de guía para que nos podamos aventurar en aprender de todo este mundo, pero con el menor riesgo posible.





Nos desplazamos ahora para el Ghat de Dasahwamet y contemplar una actuación sobre la ceremonia de las cremaciones. Primero, algunos hindúes limpian de barro toda la zona por las crecidas del Ganges.
Es como un teatro preparado para los turistas y que daba comienzo a las seis de la tarde en las mismas escalinatas del Ghat. Tras un rato viéndolo y resultándonos un tanto aburrido después de todo lo visto durante el día, decidimos marcharnos hacia el hotel junto con otros compañeros de nuestro grupo que también estaban allí. Negociamos con varios tuc-tuc y cenamos en el hotel. Rápidamente nos fuimos a la cama porque al día sigiente habría que madrugar ya que haríamos una ruta en barca por el Ganges para ver el amanecer y acercarnos para seguir viendo mas incineraciones.



Día 15. Varanasi (Benarés)


Llegó uno de los dias más esperados, un recorrido en barca por el  Ganges.
Debido a las grandes crecidas del río producida en las semanas anteriores, no estaba nada claro que se pudiera realizar dicho paseo.


De hecho se habían suspendido, pero milagrosamente esa misma noche avisaron a todos los guías que el recorrido se podría hacer. De este modo, a las cinco de la mañana quedamos para dirigirnos hacia el Ganges y ejecutar tan deseosa experiencia.


Al amanecer es cuando se recomienda realizar esta ruta ya que los colores apagados de la mañana hacen que resalten con mayor intensidad los templos, las cremaciones, las barcas…el río.


A las cinco y media de la mañana ya nos habíamos situado en el Ghat de Dasashwameth que es donde saldríamos. Las imágenes que empezabamos a presenciar eran improsionantes, a estas horas el río ya tenía vida.


Nos fuimos para uno de los embarcaderos y allí todos nos montados en una barca, acompañados por un grupo de tres hindúes para controlar el recorrido.


El trayecto duraría una hora y media aproximadamente y recorreríamos toda la orilla del Ganges en la que se encuentran todos los Ghats.

En algunos de ellos presenciaríamos las cremaciones (desde lejos), en otros disfrutaremos del colorido de los saris que visten las señoras, en otros los brahamanes rezando y ejecutando ejercicios de yoga. Y todos sumergiéndose en las aguas de Ganges.


Aquí, es sus aguas sagradas vendran a rezar, a lavarse y a realizar los ritos que todo hindú debe cumplir.


En el mundo hay ríos que solamente con mencionar su nombre, evoca a historia, a antiguas culturas y religiones. Esto pasa con el Ganges, al igual que me pasó hace unos pocos de años con el Tigris y el Eufrates, cuna de la humanidad en aquellas tierras lejana de la alta Mesopotamia, en la actual Turquía.


Iniciamos la ruta por este legendario río. De pronto me vienen a la cabeza cientos de imágenes que había visto una y otra vez en varios reportajes sobre Varanasi. Pero ahora estaba aquí, no iba a soñar, lo tenía delante de mi, y por lo tanto aunque mis ojos están algo adormilados por los sucesivos madrugones y palizones, no me quiero perder ni un solo momento, ni un solo detalle de este tan esperado día.


La barca empieza a avanzar junto a otras tantas, y que al igual que la nuestra van cargadas de viajeros procedentes de muchos rincones del mundo.


Según ibamos avanzado, pensaba en lo que había leido en otras tantas ocasiones; ¡aparecerá algún cuerpo flotando en estas aguas turbias y contaminadas!
Tendríamos suerte, no vimos ninguno, aunque si varias cremaciones a las que nos fuimos acercando para poderla contemplar desde cerca de la orilla.


Es curioso, nosotros aquí, contemplando todo este panorama y ellos en su velatorio espiritual sintiendo la pérdida de un ser querido. Os imagináis ellos paseando en un coche de caballos y contemplando el entierro en un cementerio católico. ¡Que curioso es el mundo y cuantos puntos de vista diferentes nos podemos encontrar!


Ellos de forma natural, se lavan en estas aguas sin que tengan necesidad de pensar en algo distinto a lo que su religión les impone. Es el Ganges, río espiritual y sagrado. Es su obligación como creyente sumergirse en estas aguas, sin pensar en esa contaminación, o en enfermedades o en posibles consecuencias adversas.


Tras casi una hora de marcha, nuestra barca empieza a dar la vuleta retornando hacia el ghat de Marikarnika que será nuestro lugar de desembarco.




Una vez allí tenemos que esquivar el amplio barrizal que ha dejado las crecidas del río. Ésta, mezclada con los escrementos de las vacas que andan por allí dispersas, hacen un poco difícil el poder andar.


Un grupo de hindúes se acercan a mi acosándome para que les de unas rupias para las cremaciones. Fueron unos pequeños momentos de agobio.


Decenenas de toneladas de leña se agolpan entre las casas formando pequeños pasillos. Cuadrillas completa de muchachos colocan con esmero los miles de troncos para ser quemados.
A esas horas de la mañana la actividad en la calle era frenética. Los que se encargan de las incineraciones preparan todas las piras para las ceremonias, los tenderetes de frutas y verduran dan colorido a estas horas tempranas, y la multitud de gente empieza a ir de un sitio hacia otro.

Saliendo ya del Ghat entre el labirento de callejuelas anexas al mismo, nos dirigimos hacia nuestro autobús e ir al hotel para darnos de un buen desayuno. Sobre las 10 de la mañana nos fuimos un poco a descansar del tempranero madrugón y de nuevo quedamos a las 12,30 para visitar el templo budista de Sarnath, situado a unos 10 kilómtros de varanasi.



Sarnath es una de la cuatro ciudades santas del budismo, siendo el lugar histórico donde buda por primera vez predicó el budismo, dando nacimiento al Dharma, y cuna de la primera comunidad  budista.


Según las crónicas, dos siglos después de la muerte de Buda, doce mil monjes budistas vivían en Sarnath. La ciudad floreció, especialmente en cuanto a arte y religión budista, gracias al patrocinio de ricos reyes y mercaderes de la vecina Varanasi.


En el siglo VII había unos 30 monasterios y 3000 monjes, así como algunos templos hindús y un templo Jainista, pero la ciudad fue saqueada y devastada por los turcos musulmanes y cayó en abandono hasta que fue descubierta posteriormente por expediciones arqueológicas de Alexander Cunninghan.


Nos dirigimos directamente hacia el templo principal en el que hay una estupa llamada Chaukhandi, se cree enterrada debajo de la misma alguna reliquia de Buda.


Tras descalzarnos y dar algunas rupias por poder fotografiar, accedimos a su interior en donde hay un pequeño buda adornado con todos sus abalorios y flores en el mismo altar.
Según los budistas las cuatro nobles verdades son:
1-     La existencia es sufrimiento.
2-     El origen del sufrimiento es el deseo (ambicion)
3-     El sufrimiento puede extinguirse si se extingue su causa

4-     Para extinguir el sufrimiento, se debe seguir el noble camino y asi alcanzar el Nirvana.


Ya fuera del templo, anduvimos por unos jardines en el que un grupo de budistas estaban orando junto a un enorme Buda. Nos llamó la atención un grupo de señoras, a las que con un poco de reparo las pude fotografiar. Sus miradas estaban perdidas, penetrantes, por momentos daba la sensación de traspasar mi propia cámara. Parecía nunca haber visto alguien de fuera de sus propias localidades. Mi mirada se dirigió hasta sus pies. Éstos adornados con anillos en cada uno de los dedos.


Con la hora del mediodía encima nos quedamos en un pequeño restaurante muy modesto ubicado junto a los jardines del templo budista. Más que comer fue un aperitivo algo copioso ya que tampoco había mucho donde elegir, pero por lo menos fue muy barato.
…Y al salir del restaurante me seguía esperando mi vendedor particular. Hacía más de una hora que me estaba siguiendo, me quería vender un cuenco tibetano del que yo estaba interesado, pero que quería que me lo dejara a buen precio. Así que tras insistir e insistir y tras vuelta y vuelta, poco antes de subir al autobús me lo dejó a la mitad de precio.

Nos dirigimos hacia nuestro hotel, de donde teníamos que partir hacia la estación de trenes con dirección a Delhi, nuestro último destino en la India.




La salida del tren estaba prevista a las 18,30 horas con lo que nosotros a las 17,30 partimos hacia la estación.

Ciento de gente se algopaba en los andenes. El calor era sofocante. Las botellas de agua se acababan según se empezaban. Algún que otro compañero le dio como una pequeña lipotimia.


La suciedad se adueñaba de las vias del tren, en donde los roedores correteaban a sus anchas, mientras, algunos muchachos descalzos con bolsas rudimentarias en sus manos se encargaban de recoger las latas y botellas arrojadas a las vias.


Una hora despues llegaría nuestro tren, así que salimos con una hora y algo de retraso. Nos dirigimos a nuestro compartimento, en el que seríamos acompañantes de una pareja de señoras hindúes. El tren emprendió la marcha y tras un rato de charlas nos echamos a dormir en nuestras correspondientes literas.


La llegada estaba prevista sobre las 6,30 de la mañana, pero a esa hora todavía estábamos a muchos kilómetros de Delhi, así que con cinco horas y media de retraso por fin llegamos a nuestro destino. 



Día 16. Delhi

Al llegar con tantas horas de retraso, eso implicó que   perdiéramos   el    desayuno      que   teníamos  acordado con el hotel (el mismo en el que ya estuvimos cuando llegamos a India).  De  ese  modo    exigimos   que nos pusieran la comida  sustituyendo al desayuno. Tras unas charlas con el director del hotel, con nuestro guía, con la agencia, por fin pudimos convencerlos de que el retraso no era responsabilidad nuestra y que por lo tanto ellos tenía que asumir esa tardanza. No aseamos tras una larga noche de tren y a la 1 quedamos para almorzar.
A continuación y en una visita a la japonesa (nunca mejor dicho) recorrimos algunos lugares desde el mismo autobús. Asi que poco decir de esta impresionante metropoli, en donde la pobreza extrema se respira por algunos rincones de la ciudad y la riqueza exuberante se palpa en las zonas más pobladas por los antiguos conquistadores británicos.

Nos dirigimos directamente a la Gran mezquita del viernes  La jama Masjid. Una de las mayores mezquitas de la India y el principal centro de culto para los musulmanes. Dimos un paseo por los alrededores y de nuevo al autobús.


Situada en frente del Fuerte Rojo (visto por nosotros desde lejos y a través de las ventanillas del autobús) esta mezquita fue construida por el emperador mogol Shah Jahan entre 1644 y 1658. Se dice que participaron más de 500 artesanos en su edificacion  aunque el principal arquitecto fue Ostad Khalil. Está construida sobre una pequeña colina a la que se accede por una escalinata.


Junto a la Mezquita, las callejuelas del viejo Delhi están atiborradas de  gente, de tenderetes y de un ruido infernal, y que podemos observar desde nuestro autobús.


Ahora que escribo esto, francamente tampoco tengo mal sabor de boca el no haber conocido Delhi, quizás porque ya venía bastante satisfecho de todo lo vivido, experimentado y visitado de la India.  Así que lo visto desde este autobús y nada es prácticamente lo mismo. Como bien he dicho antes un paseo a la japonesa.


Dejamos el viejo Delhi y nos dirigimos hacia las grandes avenidas y los enormes parques (Delhi es una de las ciudades del mundo con más zona verde) para ver los edificios gubernamentales como el palacio presidencial Rahtrapathi Bhawan, el parlamento y la Connaught Place.


Claro, desde el autobús es difícil apreciar nada. El guía te lo dice y tú te lo crees y de paso, si puedes sacar una foto a toda velocidad pues suerte que hemos tenido.





Nos dirigimos ahora al Rajghat o tumba de Gandhi. Como todos sabemos Mahatma Gandhi, fue una de las figuras más importantes del siglo XX y el máximo exponente del movimiento pacífico por la independencia de la India. La huella de este hombre está presente por todo el país. India se encuentra orgulloso de este personaje y de ahí los numerosos espacios urbanos y la multitud de estatuas erigidas en su nombre.


En medio de una gran explanada de césped, una gran losa de mármol negro, repleta de flores, sobre la que se eleva una llama permanente es el lugar donde descansan los restos de este héroe reconocido y admirado mundialmente. El acceso al mismo es gratuito, aunque como hay que entrar descalzo siempre habrá que dejarle algunas rupias al que guarda los zapatos. Es un lugar de visita obligada para cualquier viajero que pretenda visitar Delhi.




Como última visita en Delhi, fuimos a ver el interesante templo Sij. Un hermoso edificio de mármol blanco del que destaca una gran cúpula dorada. Entre sus numerosas dependencias encontramos la sala de oración, la cocina y el comedor, al que todo el mundo está invitado independientemente de la religión que profese.

Es un lugar místico, y destino de peregrinación de los sijs e hinduistas. Acuden para purificarse con el agua sagrada de su piscina que consideran tienen propiedades curativas.
Cuando llegamos lo primero que hicimos fue trasladarnos a una sala en la que tuvimos que cubrirnos la cabeza con un pañuelo de color naranja y que enroscado sobre la misma nos tuvieron que ayudar a ponerlo.


Este palacio fue construido por el Rajá jai Singh en el siglo XVII y pocos años después fue habitado por un importante gurú sij.

En esta época una epidemia de cólera asoló la ciudad. El gurú ayudó a los afectados ofreciendo ayuda y agua fresca procedente del pozo de la casa. El agua de este pozo es ahora considerada como curativa. Sijs procedentes de todo el mundo acuden al templo para recoger el agua milagrosa.


Junto al templo un estanque está rodeado por una serie de columnas que forman una especie de claustro. Además, el pavimento realizado en colores vivos y con dibujos geométricos hace una bonita estampa en su conjunto.


Durante un par de horas estuvimos recorriendo el templo y los alrededores. Nos llamó la atención que muchas mujeres llevaban atado a su cintura una lujosa y decorada daga, siendo uno de los cinco artículos de la fe del sijismo. Ésta es una religión fundada por Gurú Nanak (1469-1539) que se desarrolló en el contexto del conflicto entre las doctrinas hinduistas e islámicas durante los siglos XV y XVII.


Abandonamos  el recinto y con la tarde ya avanzada nos marchamos hacia el hotel. Todo el grupo quedó sobre las 20,30 horas  para irnos a cenar y despedirnos de la India en nuestra última noche.






Día 17. Delhi-Estambul-Madrid

Nuestro avión tenía la salida prevista a las 6 de la mañana, con lo que tras una extendida cena del día anterior, sobre las 23 h. nos fuimos para el hotel e intentar descansar algo, ya que el día siguiente tendríamos una jornada larga.
La sorpresa fue cuando nuestro guía nos dijo que a la 1,30 nos recogería para dejarnos en el aeropuerto. Como, si sale a las 6, ¿tanto tiempo antes? Pues si esa fue su respuesta. Así que con el tiempo justo de dar una cabezada y casi sin dormir, a esa hora tempranera partimos al aeropuerto.
Las calles de Delhi estaban desiertas, solo algunos perros callejeros deambulaban de un sitio para otro, y muchas, muchísimas personas durmiendo en las calles al raso. Algunos en las aceras cercanas a los semáforos, otros en las medianas de la carretera, otros junto a su tuc-tuc, y familias enteras bajo un cielo estrellado.
En poco  más de media hora llegamos al aeropuerto. Pasamos todos los rigurosos controles fronterizos: Sellado del pasaporte, comprobación de visado, cumplimentar formulario y registro de equipaje. Una vez dentro del vestíbulo,  a esperar, esperar y esperar hasta la hora de facturación. Sentados en la terraza de un bar tomamos un café y otro más, dándonos tiempo para charlar y charlar e intercambiar impresiones sobre este impresionante país. Una hora y media antes de la salida por fin abrieron la ventanilla para facturar, y de nuevo a esperar.
Ya dentro del avión fue sentarnos, y al poco quedarnos dormidos. Solo el despertar vino cuando las azafatas nos trajeron algo para comer, y de nuevo a dormir. A las 10,30 (hora local) llegamos a Estambul. De nuevo a esperar. Aquí algunos compañeros tomaban un avión con dirección a Barcelona y otros con dirección a Madrid. Salimos a las 13,20 y llegamos a la capital de España sobre las 17 horas, dando aquí por finalizado este fascinante viaje, que ha sido realmente enriquecedor, y en el que a nivel personal me ha transmitido muchas sensaciones y en más de un momento me ha dado por pensar lo maravilloso de  este mundo; de culturas, religiones y costumbres  tan distintas, y que aprendiendo de todas ellas nos hacemos más tolerantes, compresivos, abiertos y flexibles.


F I N

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