jueves, 11 de diciembre de 2008

San Marino Agosto/86


La Serenísima República de San Marino es el Estado soberano y república constitucional más antigua del mundo. Es un enclave rodeado de territorio italiano, entre Emilia-Romaña y las Marcas; contiene al Monte Titano, de 739 metros. Está a solo 10 kilómetros del mar Adriático, pero no tiene salida al mar.



Venimos desde Ravena, y anteriormente de Venecia. Como la mitad de este país lo estamos recorriendo en auto stop, he aquí otra peripecia hasta llegar a San Marino.


Cuatro son los coches que tuvimos que parar hasta llegar a este minúsculo país.



El primero fue rápido en parar, pero curiosamente para ser italiano, éste conductor no abrió la boca para nada.


El segundo fue peor, ya que este tampoco habló en todo el recorrido, pero tenía la música tan alta que cuando bajamos del coche nos pitaban los oídos.

El tercero fue un señor que nos hablaba de las corridas de toros de España, y que nos dejó en una carretera delante de un restaurante en el que los coches pasaban a gran velocidad.


El cuarto, y menos mal, dos chicas que entraron al bar a tomar unos helados, nos acercaron por fin hasta San Marino.

En la carretera, un simple cartel nos indica que hemos entrado en este país.

Lleno de tiendas de suvenir, aquí aprovechamos para comprar un cuco tirolés, un arco de bambú y un látigo decorativo. Con mochilas, y estas compritas “lo nunca visto”.




San Marino surge en un magnífico escenario, en las laderas del monte Titano. Según la tradición, el primer núcleo habitado fue fundado por el picapedrero Marino, dálmata cristiano que en el siglo IV, se estableció aquí con un grupo de compañeros, huyendo de las persecuciones de Diocleciano.

San Marino, el quinto Estado más pequeño del mundo, también es la segunda república más antigua (la primera fue la antigua república romana). De acuerdo a la tradición, fue fundada en el 301 cuando un cantero cristiano llamado Marinus el Dálmata o San Marino dejó la isla de Arbe para escapar de la política anticristiana del emperador romano Diocleciano. Marinus se escondió en la cima del Monte Titano, el más alto de los siete que posee San Marino y fundó una pequeña comunidad cristiana. La propietaria del terreno, una compasiva mujer de Rímini, les dejó en herencia el territorio. El terreno disputado por las familias de los Rímini y Montefeltro, y sujeta a las luchas entre güelfos y gibelinos, logró mantener su independencia y aumentar su territorio.


El pequeño Estado fue reconocido por la Francia napoleónica en 1797, y por otros estados europeos en 1815 durante el Congreso de Viena.

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