jueves, 12 de febrero de 2009

Hoz río Vadillo y Pico Parapanda (1604 m) (Poniente granadino) Marzo/08







Escrito por Joaquín Pascual



Sábado 16 de febrero, La Hoz del río Velillos: A las seis y media partimos de Dos Hermanas, desayunamos en Riofrío y por la A-92, llegamos a la salida 236 (Granada Oeste, Pinos Puente, Córdoba). Entramos en Pinos Puente y lo atravesamos por la N-432 hasta salirnos en un cruce en dirección a Los Olivares por una carretera comarcal. Al entrar en esta pedanía de Moclín seguimos las indicaciones del Hotel Don Curro y allí aparcamos. Este hotel rural (cerrado en la actualidad) es un antiguo molino reconvertido situado a la entrada de la garganta formada por el

río Velillos. Nos disponíamos a realizar el sendero circular que saliendo de Los Olivares sube a Moclín por esta garganta y vuelve al punto de partida por un sendero que pasa por delante del cortijo de El Higueral. En el folleto que ha editado el Ayuntamiento de Moclín llaman a este
sendero la Ruta del Gollizno, aunque es más conocido como La Hoz.Sobre las diez empezamos a caminar remontando el cauce del río Velillos entre álamos blancos y almendros en flor; por desgracia las aguas no estaba tan limpias como debieran.Nos encontramos unos paneles informativos y cruzamos el río por un puentecillo. La primavera todavía no ha llegado y los áboles de ribera seguían completamente pelados. A nuestra izquierda vimos el imponente castillo de Moclín que nos vigilaba quinientos metros más arriba.Pronto dejamos el camino y nos

metimos por un estrecho sendero que seguía remontando la orilla del río rodeado por tajos calizos de color anaranjado.Llegamos a una fuente que tenía un cartel con su nombre: "Fuente de la Buena Ventura". A la gitana no la vimos por ninguna parte.El desfiladero se iba cerrando cada vez más, nos acercábamos a un estrechamiento o cahorro, donde había grandes oquedades en la pared.Y al llegar a la parte más angosta de la garganta, entre dos paredes verticales, nos

encontramos un puente colgante que salvaba el río y te dejaba en una estrecha pasarela volada sobre el mismo tajo.Si hasta ahora habíamos disfrutado del sendero, aquello ya nos puso a tope. Fuimos atravesando el puente en grupos pequeños porque aquello se cimbreaba lo suyo.La


pasarela parecía un pequeño Caminito del Rey (en el malagueño Desfiladero de los Gaitanes) que te iba llevando a la llamada "Presa de la Luz". Algunos que tenían vértigo lo pasaron un poquillo "acongojados".La verdad que aquel paso había desatado la euforia del grupo por lo inesperado, ya

que ninguno habíamos hecho antes este sendero; yo sólo conocía su comienzo.Pero otra sorpresa nos aguardaba al llegar a la altura de la presa, la pasarela se encontraba en muy mal estado;

seguramente una riada se había llevado algunas planchas metálicas y había hecho que el último tramo se volcara y estuviera semi-hundido. ¿Podríamos pasar o tendríamos que darnos la

vuelta?Pero con cuidado y algo de equilibrio todos fuimos pasando, afortunadamente sólo
estábamos a unos centímetros del agua y lo más que podía pasar era pegarse un chapuzón; claro que la suciedad del agua no lo hacía agradable.El salvar esta dificultad había sido la guinda y le puso su punto de emoción a este parte de la ruta. La verdad es que las cámaras echaban humo, no sé si esperando que alguien se pegara la mojada.Una vez que habíamos pasado todos al otro lado, el desfiladero se volvía a abrir un poco y empezamos a caminar por una alameda hacia una parte más empinada que se veía al fondo.Ahora empezamos a subir por un zigzagueante sendero que nos llevaría a la parte alta del desfiladero. Había unos palos para hacer las veces de

protección, pero faltaban las cuerdas entre ellos, no se sabe si porque nunca las pusieron o porque las robaron, como en el Castillo de Cote de Montellano (Sevilla).Conforme subimos vamos dejando abajo el río y el desfiladero, ya no lo veremos de cerca hasta la vuelta.Llegamos a la parte alta del desfiladero mientras abajo el río se vuelve a meter en unos estrechísimos cahorros que sólo se podrán atravesar haciendo barranquismo; se acabaron los puentes colgantes y las pasarelas.Una vez arriba nos encontramos un cruce de caminos, hay uno que baja a nuestra

derecha y se dirige a Tózar, al que vemos a varios kilómetros; nosotros seguimos subiendo a nuestra izquierda atravesando un campo de almendros.Para ser una excursión del Grupo de Montaña vamos un grupo bastante respetable, 21 personas; también el ambiente es más relajado que otras veces, charla animada y bastante relajo en plan disfrutón. No siempre vamos a ir en

plan cañero. El sendero sube por un pinar y volvemos a ser vigilados por el castillo de Moclín, al que habíamos perdido de vista hacía un rato.Llegamos a un rellano donde predominan las vistas excelentes, entre otras la del propio desfiladero por donde hemos subido. Hemos pasado cerca de la cueva de Corcuela donde hay pinturas rupestres; también por estos parajes se encuentra la

famosa cueva del Malalmuerzo, llamada por algunos Santuario Andaluz del Paleolítico. Hacemos un merecido descanso y tomamos alguna cosilla.Volvemos a ponernos en movimiento dejando atrás al pueblo de Tózar y una serie de torres vigia que pueblan cerros y atalayas vecinos y que complementaban la vigilancia de Moclín. Esta fotaleza, después de la caída de Alcalá la Real y Castillo de Locubín a mediados del siglo XIV, se convirtió en la llave y el escudo del reino de

Granada. Esto es tan cierto que después de la caída de Moclín en 1486 toda la Vega de Granada quedó libre a la entrada de las tropas de los Reyes Católicos y la capital nazarí sólo aguantó seis años más.Fuimos entrando en Moclín por la ermita de San Antón camino de su magnífica fortaleza, por desgracia muy deteriorada por el terrible bombardeo que sufrió en la Guerra Civil Española.Pasamos primero junto al Pósito del Pan, importante organismo fundado en el siglo XVI para almacenar trigo y que llegó a ser tan rico que le prestaba dinero hasta al mismo rey de España. Subimos hasta la parte más alta del castillo que se encuentra a una altura de 1.117 metros. Las vistas era impresionantes, desde pueblos como Alcalá la Real, hasta montañas como Sierra Nevada.Bajando pasamos por la puerta del Santuario del Cristo del Paño, imagen de un Cristo con las cruz a cuestas pintada en un gran lienzo que, cosa curiosa, sale en romería. El nombre del Cristo se debe a un milagro, un sacristán que sufría la "enfermedad del


paño" (cataratas), quedó curado al besarle los pies a la imagen.Volvimos hacia la ermita de San Antón para bajar por las empinadas callejas que se dirigen hacia las afueras del pueblo y tomar el camino que pasa por delante del cortijo de El Higueral y lleva de nuevo a Los Olivares.El camino atraviesa primero por campos de almendros que estaban en su punto de floración, cuando en Málaga ya están bastante pasados; aquí el cima es más frío.Luego dejamos atrás las últimas casas de campo y los muchos perros que nos ladraban sin parar, para dirigirnos a una zona donde ya no hay cultivos, predomina el matorral aromático.Pero no podemos marcharnos sin volver la mirada para detenernos, una vez más, en la fortaleza de Moclín, omnipresente y característica del

paisaje de este pueblo.Ahora el camino se interna en un pinar haciendo fuertes zigzagueos para salvar el importante desnivel y así, en poco tiempo, llegamos otra vez al punto de inicio tres horas y media después de haber comenzado esta bonita ruta.Eran las 13,30 horas y nos quedaba la segunda ruta del día. Desde Los Olivares nos fuimos por Tiena hacia Moclín (impresioantes las vistas desde la carretera del pueblo y su castillo) y seguimos hasta Puerto Lope. Allí nos metimos en dirección Montefrío. Pocos kilómetros antes de llegar a este último pueblo, después de pasar a la izquierda la carreterilla que va a Íllora, vimos a la derecha los carteles que indican el


yacimiento arquelógico de la Peña de los Gitanos. Aparcamos, bajando por un carril que hay a la izquierda, en un llanete y nos dispusimos a realizar la segunda ruta del día.La Peña de los Gitanos de Montefrío:Lo más correcto sería decir las Peñas de los Gitanos, pues no es una peña aislada, más bien es un farallón rocoso que conserva un paraje natural que alberga uno de los yacimientos arquelógicos más importantes de Andalucía. Está a cuatro kilómetros de Montefrío y fue declarado BIC (Bien de Interés Cultural) en 1996. El nombre lo recibe de los gitanos que


ocuparon el lugar después de la Guerra Civil Española. Este paraje fue habitado por el hombre desde el IV milenio a. C. hasta el siglo X d. C. Destacan los dólmenes, la muralla y poblado ibero-romano, el poblado prehístorico de los Castillejos, sus cuevas y el poblado y necrópolis del Castillón de época medieval.Antes de entrar en la finca donde se encuentra llegó una mujer y nos dice que allí no se puede entrar así, por las buenas, que hay que concertar la visita, que es una propiedad privada y bla, bla, bla. Todo esto señalando al cartel que así lo indica. Le replico que estuve por aquí hace dos años y que no vi nada de esto, ni nadie nos paró. Nos quedamos un tanto desconcertados y nos pregunta qué de donde venimos, le contestamos que de Dos


Hermanas y dice que en atención al viaje tan largo que hemos hecho nos va a dejar entrar sin guía a cambio de la "voluntad". Le dimos un euro por cabeza y nos deja pasar después de tomar varios datos. Lo primero que hacemos es comer en una pequeña cantera abandonada, son cerca de las tres de la tarde.Detrás nuestra, al Sur, está el objetivo que tengo previsto para el día siguiente, la Sierra de Parapanda, con 1.604 m de altura máxima en el Morrón cubierto de antenas que la corona.Después de comer retomamos el camino que se dirige hacia el Oeste y pronto empezamos a ver dólmenes.Hay más de cien dólmenes esparcidos por el terreno en diferente estado de consevación, la mayoría están en estado lamentable.Estas grandes construcciones megalíticas, donde se enterraban a los muertos acompañados de su ajuar, hicieron su aparición en el III milenio a. C.Se puede caminar durante varios kilómetros por estos lugares


sin dejar de sorprenderse, tanto por los hallazgos arqueológicos, como naturales; en una de estas peñas vi a gente practicando la escalada la otra vez que vine.Por estrechos pasadizos entre las rocas, marcados con algunas flechas, llegamos a la parte alta del farallón donde encontramos los restos de un poblado ibero-romano. Los primeros pobladores llegaron en el IV milenio a. C. y vivían en cuevas que posteriormente abandonaron para construir viviendas circulares, cambiando su economía basada en la caza y la recolección por el pastoreo y la agricultura.De época ibero-romana son las viviendas rectangulares que se conservan de un poblado protegido por una muralla de grandes sillares unidos por grapas.Bajamos la terraza donde estaban los restos de este poblado y buscamos la necrópolis medieval, pero después de un rato de infructuosa búsqueda y como el calor apretaba y las fuerzas mermaban, decidimos darnos la


vuelta. Al parecer nos quedamos a escasos minutos, según nos contó una pareja que nos encontramos después. Lo que sí vimos fue unos curiosos abrigos en las paredes del tajo.Después de caminar durante un par de horas por este mágico lugar, volvimos a los coches y nos acercamos a Montefrío para echarle un vistazo a este pintoreco pueblo.En Montefrío, una de las imágenes típicas de Andalucía, nuestro compañero Félix, que lo conoce bien, nos acompañó hasta un mirador donde pudimos sacar esta bella estampa.Por Íllora llegamos a la pedanía de




Alomartes donde pasamos la noche en el Hostal Parapanda. Después de la cena todavía hubo un rato para la convivencia, la charla y los chupitos en el pasillo del hostal (que teníamos para nosotros solos) hasta las doce de la noche, hora en que nos retiramos a descansar y dimos por concluido este completísimo día.FIN DE LA PRIMERA PARTEDomingo 17 de febrero, subida a la Sierra de Parapanda:Como nunca había subido a la Sierra de Parapanda por la cara Sur, me puse en contacto con el Ayuntamiento de Íllora y pude hablar con Encarni (trabaja en al Área de Deportes) que se ofreció a acompañarnos en nuestra subida. A las nueve de la mañana apareció acompañada de su primo José, que había retrasado su viaje a Elche un par de horas para poder ayudarla, esto demuestra lo buena gente que son.Salimos de la misma puerta del hostal hacia la última calle del pueblo en dirección a Íllora. Pasamos por delante de unas viviendas nuevas unifamiliares y enfilamos hacia la sierra por una especie de cortafuegos. El día había amanecido bastante nublado y las previsiones eran que por la tarde llovería débilmente.Caminamos unos minutos pasando por debajo de una línea de alta tensión, hasta que por la izquierda salía un


sendero bastante marcado que empezaba a subir haciendo zigzagueos bastante fuertes.Encarni y José nos comentaron que el sendero estaba un poco estropeado debido a los motoristas que vienen a practicar trial en esta sierra. Llévabamos un fuerte ritmo, en una hora subimos 400 m, menos mal que hicimos una parada cuando llegamos al Hoyo de la Bandera, porque el grupo empezaba a alargarse demasiado.Nos acercamos a un cercano peñón para ver las vistas tan buenas que había desde allí, al fondo Sierra Nevada y abajo Alomartes, un poco más allá está la finca del Soto de Roma. Encarni nos contó que es propiedad del Duque de Wellington porque las Cortes de Cádiz se las donaron a perpetuidad al primer duque en 1813 por su contribución en la Guerra de la Independencia. Así que esas tierras y Fuente Vaqueros quedaron vinculadas a la nobleza y a la corona inglesa. Hasta 1940 perteneció Fuente Vaqueros al duque, fecha en que los colonos pudieron comprar las tierras poco a poco dando paso al actual Fuente Vaqueros. Por aquí han pasado y siguen pasando muchas personalidades, como el mismo Príncipe Carlos y Lady Diana Spencer; ¡qué cosas!Entre las nubes podíamos apreciar las cumbres de Sierra Nevada: el


Mulhacén, la Alcazaba, el Veleta..., también teníamos delante las sierras de Tejeda y la Almijara. Por desgracia no salen muy bien en las fotos debido al nublado.Regresamos al Hoyo de la Bandera pasando junto a una sima que no sé que profundidad puede tener.En cruce de senderos seguimos la indicación de la Cueva del Agua, que estaba bastante cercana, en un paredón calizo que destacaba entre los pinares.La cueva tiene muy poco profundidad, no es más que un abrigo frecuentado por el ganado. Tampoco tenía agua debido a la sequía.Lo que sí tiene son unas vistas estupendas, en un día claro, se entiende.Ahora el sendero empieza a subir fuertemente remontando una ladera que a los 1.200 m se vuelve pedregosa y casi sin árboles.Ya estamos cerca de la amplia meseta que corona esta sierra, al fondo tenemos la Sierra de Huétor y más cerca la pequeña Sierra Elvira.Debido al fuerte ritmo el grupo se ha roto en grupitos más


pequeños, yo no pierdo de vista a nuestros guías porque sólo nos acompañarán hasta dejarnos debajo del Morrón, allí los recogerán en todo-terreno. Pronto tenemos a la vista el Morrón cubierto de antenas y de un repetidor de televisión.Nos encontramos unas grandes grietas con bastantes metros de profundidad, seguramente restos de canteras o minas a cielo abierto, muy parecidas a las que hay por la Sierra de Baza.En el llano que hay debajo del Morrón, a 1.400 m de altura, se despiden nuestros amables guías, muchas gracias Encarni y José. Allí esperamos al resto del grupo para completar los últimos 200 m de desnivel que nos faltan para llegar a la cima del Morrón de Parapanda que tiene 1.604 m.Subimos por el Oeste, por un sendero que va por un pinar. En la subida nos cruzamos con unos motoristas que dejan el aire lleno de ruido y mal olor por el humo de los tubos de escape. Por fín llegamos a lo alto del Morrón, estamos bastante cansados, nos hemos hecho los 900 m de desnivel en algo menos de tres horas los primeros, y tres horas el resto. Allí hace bastante viento y frío. Tampoco el bosque de antenas es muy agradable.Después de un breve descanso y un pequeño refrigerio, la mayoría subimos al risco donde está el vértice geodésico semiescondido entre las antenas para hacernos la foto de cumbre.Y sin más demora emprendemos la bajada dándole la vuelta al Morrón por el otro lado. Encontramos un camino, pero pronto lo abandonamos bajando por senderillos de cabras.Ahora vamos buscando el Llano de los Endrinos donde, según nos indicaron nuestros guías, sale un sendero que va directo hacia Alomartes.Pero no lo encotramos; un cazador, al que sorprendimos camuflado, tampoco nos saca de dudas. Así que seguimos campo a través, dejándonos llevar por nuestra intuición.Al rato, después de bajar unos doscientos metros por una vaguada, encontramos un sendero que tiene muy buena pinta y decidimos hacer un alto para comernos el bocadillo, ya es hora. El sitio tiene unas vistas priviligiadas sobre Íllora y sierras vecinas.Después de la comida emprendemos la bajada mientras caen unas gotitas, esperemos que el tiempo aguante un poco más.Este sendero nos lleva hasta el Hoyo de la Bandera, donde hicimos la



primera parada en la subida, así que el resto del camino ya nos es conocido. Cada uno a su ritmo vamos llegando al final del sendero cuando nos cruzamos con otro grupo de motoristas que sube a la sierra. Entrando en el pueblo se pone a llover, el tiempo se ha portado bien con nostros. Seis horas hemos empleado en hacer esta ruta que ha tenido su poquito de dificultad debido al



desnievel (900 m) y al fuerte ritmo.Una vez en el hostal cada mochuelo tira para su olivo muy contentos por haber podido disfrutar un magnífico fin de semana de montaña y senderismo por el desconocido para nosotros, Poniente Granadino.FIN DE LA SEGUNDA PARTE

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