jueves, 28 de abril de 2016

Subida a la Maroma (2066 msnm) desde Sedella (689 msnm) (techo de Málaga) Abril/16


Ahora sí, por fin, tras intentarlo otras dos veces fallidas (por condiciones climatológicas), en esta ocasión si lo vamos a coronar, la Maroma desde Sedella.
¡Aviso!, es una ruta larga, muy exigente y dura. hay que estar acostumbrado a trotar por la montaña, ya que tendremos un desnivel acumulado de casi 1700 metros, 22 kilómetros de recorrido y casi 10 horas de pateo.


Para ello, nos damos cita 15 compañeros del club, empezando la ruta sobre las 10,15 desde la coqueta localidad de Sedella, pueblo de la comarca de la Axarquia malagueña. y que ya en otra ocasión pudimos disfrutar de los enormes encantos que tienen estos pueblos.

Sedella disfruta de un entorno natural exuberante, donde los arroyos de Matanzas, Encinar y Granados proporcionan agua en abundancia dando lugar a una rica vegetación. Al norte, en la zona de contacto entre Sierra Tejeda y Sierra Almijara la panorámica aporta un impresionante telón de fondo a la población.


Durante la rebelión morisca, Sedella fue una de las primeras poblaciones que se levantaron en armas ya que uno de los cabecillas más destacados en esta zona fue Andrés Xorairán, un monfí de la villa.
Sedella, también era conocida como Villa Castillo, debido a que en una de las alturas próximas al actual pueblo se encuentran las ruinas de una gran fortaleza, a cuyos pies se asentaría un minúsculo núcleo urbano.
El pueblo de Sedella tiene un agradable paseo por sus retorcidas y estrechas callejuelas.
De vez en cuando sopla un fuerte viento frío proveniente de las montañas nevadas de la Sierra de Almijara.




A los pocos metros de adentrarnos en Sedella, encontramos la indicación que nos lleva hacia la Maroma, avanzamos sobre una pequeña cuesta, y al poco dimos la vuelta, este camino será el de regreso, una vez finalizada la ruta. Buscaremos  las callejuelas que nos llevan hacia el puente romano.


Ahora si, estamos en el camino correcto. ¡Estos Manolosss (son los coordinadores)!. Una vez fuera del pueblo atravesaremos por el puente romano, y a partir de aquí la ascensión, se hará casi de forma permanente, sin dar tregua alguna.



Una vez pasado el puente, el sendero, con hitos marcados, nos llevará de forma escalonada y zig-zag eando el camino hasta el cortijo de la Herriza, que dicho de paso solo quedan algunos muretes ruinosos. Dejaremos igualmente a nuestra derecha algunos bancales abandonados.


Seguimos subiendo fuertemente, acompañándonos ahora los postes que nos marcan el GR-242 procedente de la cercana localidad de Salares. 


La cuesta se hace tremendamente penosa, y nuestra compañera María Jose (que hoy no es su día) se encuentra mal, nota algunas pequeñas taquicardias, se asfixia, y le cuesta progresar. Hacemos algunas paradinas para que se recupere, pero no hay forma. Así que visto lo visto decide volver, y marcar nosotros un ritmo mas fuerte. Le insistimos que la esperamos, pero ella no quierE, así que poco a poco y en contacto telefónico con ella decide bajarse.

A partir de ese momento y hasta alcanzar la loma de la Cuascuadra, el repecho es duro, muy duro, cada poco tenemos que parar, incluso alguna otra compañera se plantea la posibilidad de regresar, ya no puede más. La animamos, seguimos haciendo mas paraditas para recuperar el aliento, y por fin llegamos a la casa de Cuascuadra.o cortijo Piraricos dos horas y media después, alcanzando una altura de 1350 metros.


Aquí era inevitable una buena parada para hidratarnos, desprendernos de algunas ropas y comer algo.
Más de una agradeció esta parada de unos quince minutos.
A nuestra izquierda y sobre el barranco vemos la mole de la Maroma cubierta siempre  por las nubes.


Cogemos ahora la pista que sale por su parte derecha, y de nuevo toca subir, aunque no de forma tan fuerte como el tramo anterior.


Llegados al final de la larga pista forestal, un grupo de caballos salvajes parecían estar esperando nuestra llegada. Algunas madres con sus potrillos correteaban a sus anchas sobre el collado.


Allá atrás, muy atrás dejamos el pueblo de Sedella, que parece difuminarse en la lejanía, mientras que nuestros dos corredores de montañas (Eva y Rafa)  suben como si con ellos no fuera el esfuerzo.


Muy cerca ya de las LLanadas de Sedella la pista parece que nos adentra hacia el infierno, la espesa niebla parece absorbernos


A nuestra derecha dejamos un pequeño bosquete, nosotros seguiremos por la pista que sale a nuestra izquierda, y que nos adentra al abismo.



Por fin, ya estamos en las LLanadas de Sedella (1609 msnm) a la que llegaríamos pasadas las tres horas y media desde que empezamos nuestra ruta. Un todo terreno aquí aparcado y perteneciente a una agencia de turismo activo ha traído a varios extranjeros para subir también a la Maroma.



A partir de aquí el sendero gana en belleza, y ahora si parece estar en una ruta de alta montaña. Un suelo gris, rocoso y pedregoso será nuestro único acompañante.


El sendero en zig-zag nos sube de forma progresiva. En nuestro alrededor, las siluetas de las montañas, el paisaje, la aridez del terreno...el silencio, hace que disfrutemos en nuestra fatigosa subida...pero seguimos siempre subiendo.





Casi cinco horas después llegamos a la fuente de la tacita de plata. A partir de aquí nos queda 2,5 km para llegar a la Maroma y 6 km al Robledal, si viniésemos de allí.
Decidimos seguir y no parar, hay otro grupo de montañeros aquí picoteando, nosotros lo haremos un poco más hacia adelante.

tenemos que abrigarnos, a esta altura, el frío lo notamos en nuestros cuerpos y cuando llegamos a los tajos del Volaero hacemos otra paradita para comer algo


A nuestra derecha dejamos el camino que viene desde el Robledad, y que en otras ocasiones ya hicimos, y que por cierto una de ellas en la que subimos cuatro compañeros, con un paisaje de nieve y hielo en el que más de una vez tuvimos que usar los piolets para subir el salto del caballo Maroma invernal.



Ya solo nos quedan dos kilómetros, pero que dos kilómetros. Nuestro grupo ha quedado troceado y disperso, unos por allí y otros por aquí, cada uno sube a su ritmo y midiendo sus POCAS fuerzas.




¡Hito a la vista!, ya vemos el vértice de la Maroma allá a lo lejos.
Aquí arriba, la gente parece haber coincidido en este día. Son muchos los  grupos de montañeros, senderistas, aventureros, turistas, curiosos...que coronarán esta cima en el día de hoy.


Seis horas después de iniciar nuestra la ruta alcanzamos la cima de la Maroma. Aquí tocaba descansar y comer tranquilamente. Por cierto, son casi las cuatro y media de la tarde. Buena hora para comer en esta corraleta, y rodeado de cabras monteses que también reclaman su porción de comida.


Casi una hora después emprendemos nuestra bajada. Por fin nuestros músculos cambiarán de postura, más de uno ya llevábamos cargados los que más trabajaron en la subida.


Bajamos rápidamente. Valme ha cogido carrerilla y parece rodar montaña abajo.
El camino de vuelta lo haremos por la vertiente contraria a la que subimos, para de este modo conseguir una ruta circular completa y mucho más penosa.




Llegado a la altura de los tajos más verticales, no seguimos de frente (como hicimos antes), ahora bajaremos por nuestra derecha barranco abajo, teniendo que librar un buen desnivel de bajada



Bajando, bajando y bajando y sin parar de bajar...de frente un pico rocoso llamado el fuerte, lo rodeamos, y todos los que vamos detrás de Valme (que somos todos) le pedimos, suplicamos que pare, los pies los llevamos ardiendo, las rodillas nos crujen...y la boca sedienta de tanta bajada.
¡Parar ya! 


Cuando llegamos a ese pequeño collado en el que un bosquete lo adorna, bajamos por la pista que sale a nuestra izquierda. Eso si, después de varias paradas técnicas y refrescarnos un poco.



Los que llevan los GPS intentan ponerse de acuerdo por donde bajaremos, ya que un cortafuegos directamente nos llevará hacia el pueblo de Sedella


¡Que ven mis ojos! ¡Sedella!, por fin allá abajo. Parece tocar con los dedos, pero aún no hemos llegado. Todavía nuestros pies deberán sufrir un poco más. ¡Que barbaridad!, que ruta.


Casi diez horas después, por fin palpamos, medio a rastras, las primaras casas de Sedella. María José nos saluda euforicamente, mientras nosotros no sabemos ni casi caminar...
-Que tal la ruta, nos pregunta María José.
Al unísono, todos nos miramos y nadie contesta, no podemos hablar, estamos rendidos...
Varios abrazos, besos y saludos parecen recobrar energía, y todos contentos empezamos a recuperar nuestro aliento perdido


¡No me lo puedo creer!. Hay que bajar por estas escaleras para llegar al coche.
Esperemos que sea la última bajada...
Fin
!PEDAZO DE RUTA!

Al día siguiente hicimos varias rutillas por la granadina localidad de Loja: Subida al Hacho de Loja, los infiernos, lagunas, puente colgante, cola de caballo

PERO ESO YA TOCARÁ OTRO DÍA





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