viernes, 28 de julio de 2017

Aldea de Dande y Dindefelo (frontera Senegal-Guinea Conakri) Julio/16


Una escapada más allá de la frontera imaginaria entre Senegal y Guinea Conakri

¿He pasado la frontera?, no lo se. ¿Estoy en territorio Guineano?, ni idea. No hay controles, ni paso fronterizo, no hay sellado de pasaporte, ni control de pertenencias...Aquí en lo alto, en los conrtrafuerte del Fouta Djalon no hay nada que se le parezca a un borde fronterizo...pero para los nativos de Dande estamos en Guinea Conakri, cerca de las cascadas del Dindefelo.
En Dande no hay electricidad, ni agua corriente...viven al igual que lo hacían  sus antepasados, de la misma forma, con los mismos utensilios de aquella época.



En un viaje realizado por Senegal, nos acercamos al País Bassari, y entre otras aldeas visitadas en territorio senegales, también atravesamos esta frontera imaginaria.





Si queréis ver lo anterior al País Bassari pulsar aquí ruta por Senegal y Gambia


Hoy sería uno de esos días que teníamos bien marcado en nuestro plan de ruta, el trekking para llegar a la cascada de Dindefelo y la aldea de Dande. Así que a las siete de la mañana ya estábamos en planta para desayunar y media hora después partir hacia el interior del bosque.


Nuestra ruta tendrá unos 9 kilómetros, en la que tendremos que ascender unos 350 metros de desnivel y estaremos andando unas 5 horas.


En total seríamos siete los miembros que formaríamos el grupo: nosotros cuatro, Frederic, nuestro conductor Musa y el guía local que nos iría explicando todos los detalles de la ruta.



Adentrándonos en una frondosa arboleda y tras una fuerte y empinada subida, llegamos a un claro en donde allí abajo podíamos ver el poblado de Dindefelo y alrededor de nosotros unas vistas espectaculares de toda la zona. Aquí hicimos una pequeña parada para recobrar el aliento.




Pasada una hora desde que iniciamos la ruta llegamos a una pequeña cascada que caía hacia al interior de una cueva.



Estamos situado a unos 500 metros de altitud en los contrafuertes del Fouta Djalon monte de la cercana Guinea, prácticamente en la misma frontera.

Esta enorme y espectacular cavidad esculpida en la piedra, origen de la extracción de tierra que servía de pólvora al rey de Guinea Alpha Yaya Toure en el siglo XIX, en su afán por islamizar toda esta región de África occidental.
Descendiendo por un resbaladizo y estrecho sendero nos acercaremos a ver el nacimiento de la cascada de Dindefelo.



Este nacimiento se encuentra en una balconada, desde donde, de forma precipitada sus aguas caen al vacío, formando la poza de la cascada, a la que iremos más tarde tras visitar la aldea de Dande.



Ahora nos encontramos en la zona más alta de Senegal, poco más de 550 metros, y asomándonos desde aquí, las vistas son espectaculares. Esto es todo selva, frondosidad y agua por todas partes.
De hecho, este macizo (Fouta Djalón) esta considerado como el Castillo de las Aguas del África occidental ya que aquí tienen sus principales fuentes los ríos, entre otros, el Niger, el Senegal, el Gambia, el Mongo y el Koliba.



Nos dirigimos ahora hacia la remota aldea de Dande, que algunos dicen que ya está en territorio guineano aunque ellos se sientan senegaleses y otros tantos guineanos, cosa que dudo ya que consultando mapas veo que está en territorio senegalés, en la misma frontera. En algún momento me paro a reflexionar en  donde estamos, y no dejo de sorprenderme, ¡que apartado está este lugar de la civilización! ¡Y que espectacular resulta todo esto!


Entramos en Dande 


Situada en la meseta que se extiende en lo alto de la montaña, aquí no hay electricidad y el agua la obtienen de uno de los ríos que se dirige hacia la cascada de Dande.


Pertenecientes a la etnia Peul o Fulani, son el pueblo nómada mayor del mundo (se estima en unos treinta millones) cuyo origen es desconocido y  repartidos por gran parte del Sahel y África occidental: Malí (1,6 millones), Guinea (1,4), Camerún 1,1), Senegal (1), Niger (950.000), Burkina Faso (550.000), Guinea-Bissau (210.000) y en número menor en Ghana, Mauritania, Sierra leona, Togo y Chad. Hablan Fulfulde y estuvieron entre los primeros grupos africanos que abrazaron el islam.


El poblado está rodeado por un pequeño cercado de cañizo, en el que para acceder a él, tendremos que subir unos peldaños y saltar. Esto lo hacen para que los animales no puedan entrar en su recinto. Estando aquí, parezco inmerso en uno de los muchos documentales que tantas veces he visto, y que ahora lo vivo en primera persona.

 
 Mujeres Peul moliendo el maíz en pilón de barro

Nos vamos adentrando en el poblado y poco a poco empezamos a vivir esta increíble aventura. Las imágenes que vamos viendo son las mismas que se verían siglos atrás. Aquí el tiempo parece haberse detenido.


 Las mujeres preparan los avíos para la comida, y cuando pasamos por las chozas, ellas están moliendo el maíz. Utilizan un pilón cilíndrico o cónico y una “mano de moler”. Con un ritmo rápido van golpeando sin parar los granos de maíz.  

Realmente es un trabajo duro, muy duro, y si además llevan la carga de sus bebes a la espalda, aún más.

Las mujeres son las verdaderas trabajadoras en estos países, llevan la carga familiar al cien por cien: preparan la comida, acarrean el agua, cuidan de los pequeños…puede que sea su tradición y sus costumbres, pero desde el punto de vista occidental no deja de ser injusto. Jamás he visto a un hombre llevando en su cabeza grandes recipientes de agua, o de comida…o de ropa para lavar.


Rosa y yo hicimos el intento y puedo confirmar que no es fácil mantener el ritmo entre los dos, además cansa, y solo estuvimos algunos minutos.


¡Seguimos avanzando por el poblado!


Los críos (y sobre todo ellas) ya de pequeños aprenden las labores para ayudar a su madre y siendo todavía unas adolescentes llevan a sus pequeños atada a sus espaldas.



  
El pagne (porta bebé) es la tela fina y resistente que usan para llevar a los bebes en la espalda, y es tan grande que rodea no solamente al bebé sino también a la madre.


Nos detenemos en una de las cabañas para hablar con una familia, nuestro guía nos hace de interprete. El Fula es su lengua, la misma que se habla en otros tantos países del África occidental y central de la etnia Peul.

Su forma de sustento es básicamente a base de la agricultura y la ganadería. Desde hace algunos años, el turismo se está acercando a estas tierras remotas y se han creado algunos campamentos muy rudimentarios en donde se pueden alojar los viajeros.

   



 Estando cerca las cascadas de Dindefelo (un fuerte reclamo turístico) son muchos los guías locales que se ofrecen para llevar a los viajeros por las tierras del país Bassari.

Abandonamos la aldea y ponemos rumbo hacia la cascada de Dindefelo.


Saliendo  de Dande y disfrutando de un verde paisaje, empezamos a ver cientos de hormigueros con forma de seta. Repartidos todos por el campo nos daba una bonita estampa, y como no, teníamos que hacer un poco el “ganso” saltando de desde uno de ellos. ¡Ahí vamos!




 

 



Llegamos a la cascada de Dindefelo




Bajando por el frondoso bosque tropical, de vez en cuando escuchábamos algun animalito merodeando cerca de nosotros. Al estar en época de monzón, y con tanta lluvia, los árboles están cargado de vida, y el intenso color verde nos hace disfrutar aún más de nuestra ruta.

  
Todo este espacio está declarado como Reserva Natural de la Biosfera y zona de repoblación de chimpancés. Además, existen panteras (súper difícil de ver), multitud de aves y otros tantos mamíferos, incluso serpientes.


¡Qué maravilla, llegamos a la esperada cascada! ¡El lugar es increíble!

En este pequeño “jardín del edén” uno parece haber encontrado el paraíso.

La leyenda cuenta que este “ritual de baño místico” a pie de la montaña recompensa al viajero con sus virtudes terapéuticas. No sé si eso será verdad, pero nadar en sus aguas y acercarse a la cascada y dejar caer el agua en nuestras cabezas, es realmente toda una gozada.

Dindefelo, en lengua peul significa “al pie de la montaña”. Con una altura de 100 metros fue descubierta en 1922 por un cazador y es una de las grandes maravillas del País Bassari.

   

Esta cascada nace a unos 400 metros de altitud en el monte Dande (donde estuvimos horas atrás) en el corazón de una frondosa vegetación, siendo un paraíso para el senderismo y disfrutar de una naturaleza virgen.


Tras casi una hora de relax y de baño, pusimos rumbo hacia el poblado de Dindefelo, a la que llegaríamos en algo más de media hora.


Según abandonamos la cascada, notamos como el cielo se teñía de gris y algunas nubes empezaron amenazar con agua.


 No tardó mucho en llover, y en pocos minutos descargó una buena tromba de agua.

Ya en Dindefelo recogimos el equipaje y con unos bocatas de tortilla en la mochila partimos hacia nuestro larguísimo destino (que ya lo conocíamos), Tanbacunda.

  
Seguía y seguía lloviendo, con lo que las pistas se convirtieron en  auténticas trampas para los coches. Nuestro conductor Musa cogía los baches a gran velocidad, así que en más de una ocasión pensé que nos quedaríamos allí a vivir para siempre, pero bajo tierra.


Tras seis horas de viaje y después de atravesar de nuevo el Parque Nacional de Niokolo Koba llegamos a Tanbacunda, sobre las ocho y media de la noche.

De nuevo y agradeciéndolo mucho tras los dos intensos días, nuestro alojamiento sería el hotel Le Realis, un buen lugar en donde descansar.



martes, 11 de julio de 2017

Ferratas de Comares (Julio/17)



Hoy nos vamos de ferrata, a las tres ferratas que hay instaladas en este bello  pueblo de la Axarquía, conocido también como el mirador de la Axarquía y perteneciente a la denominada "ruta de la Pasa". Ya en la primavera del 2013 tuve la gran oportunidad de conocer todos los pueblos de esta bella comarca malagueña: Ruta por la Axarquía pero hoy no vamos de turismo, vamos a trepar por las paredes: pasaremos por puentes de monos, tibetanos, nos lanzaremos por tirolina y ejerceremos nuestros brazos por las paredes extraplomadas. 


Ya desde lejos vamos viendo el pueblo de Comares, que con sus 703 metros de altitud es una verdadera atalaya hacia los otros pueblos de la zona. 
Son tres las ferratas instaladas: Fuente Gorda (k1), Puerta del Agua (K2+,K3) y Cueva de la Ventana (K2+,K3). Cuando se realizan las tres ferratas, y debido al esfuerzo acumulado es un K3 indiscutible.


A las siete de la mañana nos dimos cita cuatro compañeros ferrateros: Pepi, Víctor, Manolo R. y el que escribe. Tras un largo trayecto desde Sevilla (215 km) a las diez de la mañana llegamos a Comares, yendo directamente para aparcar el coche en la explanada sobre los tajos en donde están instaladas las ferratas. Las tres partirán de este mismo lugar, una vez que las vayamos finalizando, ya que todas también terminan aquí.


Una vez ataviados con todo lo necesario empezamos a bajar en busca de nuestra primera ferrata. Las chicharras las vamos escuchando según bajamos, mala señal. En la sombra corre algo de brisa, en el sol, empezamos a derretirnos. Esperemos tener suerte y que la sombra nos acompañe en gran parte del recorrido.


Atravesamos este bello arco y un sendero nos lleva hasta el inicio de las ferratas.


Según bajamos podemos observar los distintos puentes de mono y tibetano que tendremos que pasar en nuestra segunda ferrata de la "Puerta del Agua" pero eso será más tarde.


Dejamos a nuestra izquierda, junto a las paredes, el inicio de las otras dos ferratas, nosotros seguiremos un poco más hacia abajo, hasta la fuente y en donde hay instaladas unas mesas para picnic.




Al final del senderillo vemos el comienzo de nuestra primera vía ferrata, que por cierto vamos a tener suerte, estamos en la sombra.

 Fuente Gorda


Las características de la ferrata son las siguientes:

Dificultad: K1, subida en vertical, con posibilidad de hacer algunos rapeles.
Tiempo de acceso a la vía: 10 minutos
Tiempo de realización: 30 minutos
Tiempo de regreso: 5 minutos
Longitud total del recorrido: 55 metros
Desnivel total: 50 metros



Bueno empezamos, allá vamos. El orden en esta primera ferrata será Víctor, Manolo, Yo y Pepi. Partimos de una gran roca por la que empezamos a subir.


Sin dificultad alguna seguimos avanzando por las bien instaladas grapas y cable de vida.


Empezamos a coger altura, sin destacar inconveniente alguno en el trazado. Se sube cómodo.


En la parte final del trazado, se hace un "pelín" más exigente, pero pasable perfectamente.


Y ya, casi sin darnos cuenta llegamos al final de la vía. En algo menos de media hora alcanzamos de nuevo el aparcamiento.
Una buena ferrata para ir calentando brazos para las siguientes vías.

Puerta del Agua


Bajando de nuevo por el mismo senderillo anterior y antes de llegar a Fuente Gorda, veremos el inicio de nuestra segunda ferrata.
A nuestro paso podemos contemplar allá en lo alto el puente tibetano con troncos de madera por donde tendremos que pasar

Las características de la ferrata son las siguientes:

Dificultad: K3. Con abundantes pasos atléticos y desplomes suaves pero mantenidos en su recorrido. Dos puentes de mono (5 y 10 metros), puente tibetano con troncos de madera (7 metros), puente tibetano (15 metros) 
Tiempo de acceso a la vía: 10 minutos
Tiempo de realización: 60 minutos
Tiempo de regreso: 5 minutos
Longitud total del recorrido: 145 metros
Desnivel total: 50 metros


Empezamos la vía con un largo algo extraplomado y en donde ya empezamos a ponernos las pilas y tirar de brazos. No será la única vez.


El orden de subida en esta ocasión será Pepi, yo, Manolo y cerrando el grupo Víctor. Allá vamos de nuevo. Tras empezar a coger altura, la vía tira hacia la izquierda en una pequeña travesía horizontal que tras otro tramo desplomado llegamos al primer y largo puente de monos.


Pepi ha cogido velocidad y no la veo. Yo atravieso el puente tras un buen balanceo (por su longitud) y espero a Manolo para inmortalizarlo en su paso por el puente.


Veo como se retuerce en el pequeño extraplomo lateral antes de llegar al puente y que da la sensación de "aparecer por sorpresa" ante el vacío.


Veo como Víctor ya está casi a la altura de Manolo. Tendrá que anclarse el mosquetón de reposo hasta que Manolo pase, ya que esa zona está desplomada.


La vía de nuevo empieza a coger altura y desde un pequeño saliente, puedo fotografiar a Víctor en su paso por el largo puente de monos.


¡Por fin! contacto con Pepi que me ha esperado en el puente tibetano con troncos de madera, desde la parte más alta de este tramo.


Y ahí va, a inmortalizarla. A su paso por los troncos, el movimiento de estos es permanente ¡hacia atrás, hacia adelante! y pasa al otro tronco y la historia se repite ¡hacia adelante y hacia atrás!


Y ahí voy yo, bajando ese pequeño espolón en busca del puente tibetano.


Y detrás espero que pasen Manolo y Víctor también para inmortalizarlos. 




Una vez pasado este, nos encontramos con una zona delicada en la que hay que prestar mucha atención: un nuevo tramo vertical desplomado y una travesía lateral también algo desplomada.


En este tramo hay que ejercer bien los brazos, ya que sin ser demasiado fuerte, si son mantenidos, y eso también se resiente.


Y llegamos a otro pequeño puente de monos.


Mientras que Manolo pasa, vemos como Víctor se retuerce encontrando el apoyo para descansar. 


Y tras otra pequeña travesía horizontal algo desplomada, llegamos a nuestro último puente tibetano, en el que Pepi nos inmortaliza a los tres.


Debo de recordar que desde hace ya un buen rato el sol nos está castigando. Los chorreones de sudor caen por nuestra frente, mientras, el sonido de las chicharras nos sigue acompañando.


Justo pasado el puente tibetano, una portezuela nos indica la finalización del recorrido.
 Por fin llegamos ¡que calor!
50 minutos nos ha llevado esta segunda ferrata, muy entretenida y variada.


Y de nuevo en el aparcamiento.
Ahora toca descansar unos 20 minutos, refugiarnos en la sombra e hidratarnos un buen rato...y de nuevo para abajo.

Cueva de la Ventana


Al igual que en las otras dos vías, el senderillo a seguir es el mismo.
El inicio de la ferrata está colocado justamente entre ambas vías.


Las características de la ferrata son las siguientes:

Dificultad: K3. Con varios  pasos atléticos y desplomes suaves en travesía horizontal pero mantenidos en su recorrido.  Tirolina de unos 25 metros, aunque se puede evitar.
Tiempo de acceso a la vía: 10 minutos
Tiempo de realización: 60 minutos
Tiempo de regreso: Finaliza en el mismo aparcamiento
Longitud total del recorrido: 95 metros
Desnivel total: 50 metros


Una vez en el inicio de la ferrata. Víctor empieza a preparar toda la cuerda y la polea para la tirolina. 


Para no perder las buenas costumbres. Al empezar la vía tenemos un largo desplomado de unos 10 metros, en donde está instalado la tirolina. 
¡Ya empezamos a castigarnos!


Yo esperaré para tirarme y así fotografiar a mis compañeros tirándose de la tirolina.
¡vaya con el camarón, como pesa y cuantas virguerías tengo que hacer con ellas para no estamparla por las paredes!


Ahí va Manolo

La tirolina está combada por el centro, con lo que ya sabemos de antemano que aunque cojamos impulso, nos tocará tirar de brazos, y en la parte final mucho más.


Ahí va Pepi



El final de la tirolina, se hace un poco incómodo, es más, incluso dificultoso.
Tenemos que buscar apoyo, ya que nos deja un poco "volao" y además para devolver la polea para atrás se nos hace engorroso.


Ahora me toca a mi. Antes de tirarme fotografío a Manolo y Pepi, ambos situados en zonas desplomadas...y que es una zona "chunga" para tirar de brazos.




Ahí voy yo, a tirar de brazos toca.


Y Ahí va Víctor, el último y encargado de quitar todo el tema de la tirolina.


Una vez que inmortalizo a Víctor en la tirolina, empiezo a tirar hacia arriba.
Estos primeros tramos, siempre los voy a recordar bien...varios pasos atléticos, voladizos y ligeramente desplomados, que sin ser muy fuerte, son constantes.
Noto que las fuerzas me empiezan a flaquear, e incluso en algún paso tengo que agarrarme a la grapa casi con los dientes..."voy ringado". 


En alguna grapa desplomada, veo que mi pierna derecha empieza temblar  (quizás por mi reciente lesión) "como sin fuerza alguna", y en ese momento se que tengo que detenerme un "ratillo" anclar mi mosquetón de reposo y esperar y descansar, me cuesta avanzar en esta travesía horizontal desplomada...

Manolo y Pepi, por delante, ni los veo.
Detrás Víctor que se ha quedado descolgado, recogiendo el tema de las cuerdas.
Y yo aquí en medio de esta pared desplomada intentando que no me pueda... 


¡Por fin pasé toda esta penuria!
...y llego a la cueva "de ahí el nombre de la ferrata"
Pepi estaba allí esperando, y se lo comento: voy ringado...me falta las fuerzas..
¿por qué?
-quizás por el calor
-quizás por estar cogiendo posturas raras y paradas para fotografiar con el camarón colgado
-acumulación de esfuerzo
-Hacía casi cuatro meses que no hacía una ferrata dura
-Porque he estado lesionado hace un par de meses
¿por qué', no lo sé, pero voy "ringado"


Salimos de la cueva y empiezo a tirar de nuevo para arriba, tras un pequeño resoplido...


Y por fin llegamos al final de la ferrata. ¡pero que ven mis ojos, un espolón desplomado!
¡Ufff, creo que voy a pasar de este tramito!. Detrás veo la valla del aparcamiento y pienso 
"busco un escape para salir directamente a la valla"
Pepi, le digo, voy sin fuerza, soy incapaz de subir este espolón
 (sin problemas se sube en otra situación)
...pero ahora voy "fatal, sin fuerzas"


Manolo, Pepi y yo buscamos desesperadamente la sombra mientras esperamos a Víctor que llegue. va muy rezagado. El esfuerzo también le está pasando factura.
"Víctor, Víctor, Víctor" lo llamamos desde arriba a gritos, pero el no contesta, no tiene fuerza ni para responder. Por fin lo vemos aparecer tras la subida del espolón.


Manolo se acerca hasta la portezuela por si le tiene que echar una mano.
Y Víctor rápidamente se apresura para tirarse al suelo en el trocito de sombra que le hemos dejado.
La temperatura ahora roza los 34º, y las chicharras siguen emitiendo su sabido soniquete alertando de las altas temperaturas.

La idea inicial de la jornada de hoy era, además de hacer estas tres ferratas, también veníamos preparado para hacer los rapeles de la "fuente Gorda" y cuando volviésemos hacia Sevilla, parar en Villa Nueva del Rosario para hacer la ferrata de "La Bola"
Pero tal como vamos, aquí termina "la peoná" de hoy.
Han sido algo más de las tres horas y media desde que iniciamos nuestra primera bajada, a las 10:30, y ahora ya son las 14:00. Así que ahora toca comer los bocatas y beber mucho líquido, y tranquilamente poner rumbo a Sevilla.

Fantástico día hemos pasado realizando estas entretenidas y variadas ferratas, aunque eso sí, el esfuerzo y el calor nos ha castigado.