martes, 9 de febrero de 2016

Vía ferrata de Atajate (Enero/16) (Febrero/17)


VIENE DE FERRATA DE JIMERA DE LIBAR


Ferrata de Atajate



Ya en Atajate, y a solo cinco minutos desde donde dejamos el coche, atravesamos algunas calles del pueblo para dirigirnos al inicio del sendero denominado “paseo por el mosto”, a los pocos metros, ya nos encontramos la gran roca en forma de pared que tendríamos que trepar.


La cosa se ponía seria; al leer la información correspondiente a esta ferrata, nuestros ojos se fueron directamente a la parte inferior del panel, en donde aparecía en rojo una pequeña escritura con la palabra difícil, rápido nos acercamos a Víctor, y con cara preocupante le dijimos, “¿eso es verdad?, ahí pone difícil”, no os preocupéis, contestó él. Yo creo que mi compañera Carmina notó en mi cara cierta perplejidad por tan antagónicas afirmaciones.


Dificultad: (K2)
Tiempo de acceso a la vía: 5 minutos
Tiempo de realización: 45 minutos.
Desnivel ascendido: 44 metros
A destacar: 1 puente de mono, un puente tibetano y un extraplomo.


Debajo ya de la pared, mi incertidumbre aumentó velozmente. Pero no era el momento de hacer la retirada, habría que intentarlo. De los siete que íbamos decidimos el orden de paso, el veterano  primero y Juan se quedó el último. El resto  repartidos entre medio a no mucha distancia uno del otro (por aquello de los posibles sustos, desmayos…o vete a saber…). Allá vamos, a subir los primeros peldaños en esta vertical pared de unos ocho metros.


Al principio, bien, sin problemas, pero cuando alcanzamos el final de esa gran roca, la cosa se complicó (por lo menos para mí, comprobando posteriormente que también lo fue para otros compañeros), la roca se retuerce un poco hacia fuera formando un pequeño extraplomo, además coincide que queda justamente en un extremo de la pared.

Lorenzo que iba delante de mí, me dice “Antonio no sigas porque estoy esperando que pase Pepi y aquí no hay donde agarrarse”. En ese momento, notaba que mis brazos ejercían más fuerza, ya que de algún modo estaban aguantando el peso de mi cuerpo en este pequeño extraplomo.


Miré hacia abajo, mire donde estaba Lorenzo, mire hacia atrás, y yo agarrado muy fuerte a los peldaños de la pared me dije en voz reflexiva “uff, ¡vamos a ver cómo termina esto!”.


Sin lugar s dudas, de las tres ferratas que hicimos, para mí fue el momento más delicado; entiendo que obviamente influiría la inexperiencia para llegar a esa conclusión.
Pasada esa cornisa nos encontramos con un pequeño puente de monos por el que tendremos que avanzar por dos cables, uno situado en la parte superior, y otro en la parte inferior.


De este modo cuando lo vamos pasando vemos como nuestro cuerpo se tambalea hacia delante y hacia atrás.


Pasado éste, de nuevo otra pared vertical de unos 14 metros de altura. De vez en cuando miro hacia abajo, y tal como miro, noto como mis brazos se retuercen agarrando fuertemente los peldaños sujetos a la pared. ¡Está claro que es un reflejo directo de la altura a la que estamos!
Lorenzo de vez en cuando me mira, y yo a él, no decimos nada, aunque nuestros rostros creen adivinar lo que estamos pensando.
En ocasiones, siempre que el lugar sea el apropiado, Manolo que va detrás de mí nos suelta una pequeña broma para ver cómo vamos, nosotros como dos machotes le respondemos, igualmente en forma de broma, sobre cómo van los pañales…



Según subimos esta pared vertical, vemos a Víctor avanzando sobre el largo puente tibetano. La imagen nos impacta. Nuestro compañero parece flotar en ese cielo azulado, mientras que nosotros, como hormiguitas nos pegamos a la pared. Ahora entiendo porque el factor psicológico es uno de los cuatro elementos que valoran la dificultad de una vía ferrata. Los otros tres recordemos: Fuerza, resistencia y experiencia en montaña, nunca más acertado.


Última pared antes de finalizar la ruta, abajo el puente tibetano




Allá vamos, nosotros ya hemos llegado. Uno a uno, sin prisas. Este puente tibetano tiene una longitud de 30 metros, dejando a ambos lados una gran caída vertical.


A nuestro paso, el puente se zarandea como si nos quisiera tirar. Solo es cuestión de agarrarse bien e ir desplazando por el cable el disipador que llevamos atado a nuestra cintura.
Lorenzo parece que lo tiene más complicado, su cinta no llega al cable superior con lo que utiliza el que se encuentra un poco más bajo.
De frente, vemos a nuestros compañeros que ya pasaron el puente y suben la última pared. Esta última, sin problemas algunos se puede perfectamente subir.

Miro hacia atrás, y quedo impactado con la belleza de las imágenes. Carmína, Manolo y Juan subiendo la pared que hay por encima del puente.


Llegamos al último punto de nuestra ruta. Desde aquí, un poco de tiempo para contemplar las excelentes vistas de la zona, y hacia los coches, bajando por el senderillo que nos lleva directamente al pueblo.
Como experiencia ¡increíble!


Cogemos nuestros coches y ponemos rumbo a Benalauría, en donde nos espera nuestra última vía ferrata.

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