lunes, 14 de septiembre de 2015

Viaje a Nepal, via Qatar (Julio/15) parte (VII)


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VIENE DE PARTE (VI)
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Una vez desayunado, quedamos a las 7:00 para dar un paseo en elefante, adentrandonos en la selva.

Un todo terreno nos llevo a los cuatro (los dos inglese y nosotros). Tiramos por una pista de tierra, atravesando varios poblados en donde las construcciones eran de adobe. En quince minutos llegamos al interior de la zona protegida.
Subimos unas escaleras en las que quedamos a nivel del lomo del elefante, al que pudimos montar. Una vez acoplado los cuatro, nos adentramos en la selva después de atravesar el río Hapti.

Nuestro recorrido lo haremos durante una hora y media aproximadamente, así que abriendo los ojos para ver cuantos animales divisábamos.

Una vez atravesado el río, nos metemos de lleno en la selva. A veces tenemos que agachar las cabezas, porque de lo contrario, con tan densos árboles, nos quedamos sin ella. Solo vamos nosotros y otro elefante cargado con cuatro muchachos holandeses (que por cierto después coincidimos con ellos en el autobús hacia Katmandú y charlamos un buen rato). Esto es bueno porque no haremos mucho ruido para ver animales. En otras épocas son tantos los elefantes cargados con turistas que parece una feria.

Ya en el interior de la selva, el silencio se apodera de nosotros, solo quedaba interrumpido por el armonioso piar y graznido de muchos pájaros y aves. Bajo los enormes pies del elefante de vez en cuando se veia algún pequeño roedor correteando.
Nuestro elefante se detiene, no quiere andar, parece que tiene hambre. Muchas de las ramas de los árboles van directamente hacia su boca. ¡es increible la fuerza que tienen estos bichos!



Tras avanzar un rato, por fin los vemos, una pareja de rinocerontes refrescándose en un estanque. 

 El silencio del entorno ha dado resultado, ahí están. La primera vez que veía a unos rinocerontes en libertad y en plena selva ¡que ilusión haberlos visto!

El rinoceronte de un solo cuerno o también llamado rinoceronte de la India es una de las tres especies de rinocerontes que existen actualmente en Asia. Las otras son el rinoceronte de Java con el que está estrechamente relacionado y el raro de Sumatra.
Según Wikipedia “estos rinocerontes tienen un gran tamaño que llega a casi los cuatro metros de longitud y 1,85 m de altura con un peso máximo de 2270 kg.

Pueden alcanzar velocidades de hasta 56 km/hora. Son excelentes nadadores y pasan gran parte de su tiempo sumergidos en charcas y lagos. Su único cuerno puede medir entre los 10 y 61 cm.” Estos son más largos en los machos que en las hembras”.


Damos varias vueltas por el estanque para poderlos ver bien. Hemos tenido suerte, uno de ellos se levanta y empieza a salir de la charca. Su piel está dividida en varias placas a modo de coraza.



Seguimos nuestra marcha adentrándonos en esta frondosa arboleda. El canto de los pájaros con un silencioso fondo sigue siendo nuestro fiel acompañante ¡Cómo podemos disfrutar de este lugar yendo solo dos elefantes!. Leyendo el relato de otros tantos viajeros que ya estuvieron aquí, no tuvieron esa suerte, se fueron de Chitwan sin ver un solo rinoceronte.
Nuestra suerte no acaba aquí. Muy cerquita vemos un grupo de bambis, uno de ellos se resguarda entre la maleza,  quizas acostumbrado a ver los elefantes de cerca, se recuesta y así nosotros los pudimos disfrutar a pocos metros de distancia.
 En una ocasión oímos el sonido de un macaco que se balanceaba entre los árboles, y que de reojo pudimos ver.

 La excursión se está acabando y ya tenemos que ir abandonando esta frondosa selva.

Vemos varios campesimos que estan recolectando grandes amasijos de hierba, todos van andando en fila india, cargando en sus espaldas esos grandes bloques de  hierba.

 De nuevo atravesaremos el río, y a los  pocos minutos  llegamos a nuestro lugar de partida.

 
Abandonando el entorno, un improvisado artesano y vendedor nos muestra sus cestos de mimbre hechos a mano y totalmente artesanal. Aquí cada uno se tiene que buscar la vida, así que ”a por los turistas…”.
El todo terreno nos estaba esperando para llevarnos de nuevo al hotel. El conductor estresado y precipitado apretó el acelerador en estas pistas de tierra estechas y llena de baches, por suerte seguimos vivos. Una vez en el hotel, y después de respirar profundamente, una hora de relax escribiendo y leyendo. Rosa aprovecha para columpiarse en un sombreado balancin y leer esos kilométricos libros gordos que nunca se acaban de leer. Yo aprovecho para escribir un poco sobre nuestras vivencias por este país y de nuevo releo una y otra vez el libro  sobre  Nepal.¿Es un parque temático o realmente una jungla donde disfrutar de los animales en libertad? Esa es la pregunta que muchos de los turistas y viajeros se hacen cuando han estado aquí. Yo creo que la respuesta está en como se haya disfrutado. ¿había muchos turistas? ¿muchos elefantes a la vez circulando por la selva? ¿muchas canoas por el río llevando a turistas?. Nosotros al estar prácticamente solos lo hemos disfrutado como un bello espacio natural.


Abandonando el entorno, un improvisado artesano y vendedor nos muestra sus cestos de mimbre hechos a mano y totalmente artesanal. Aquí cada uno se tiene que buscar la vida, así que ”a por los turistas…”.
El todo terreno nos estaba esperando para llevarnos de nuevo al hotel. El conductor estresado y precipitado apretó el acelerador en estas pistas de tierra estechas y llena de baches, por suerte seguimos vivos. Una vez en el hotel, y después de respirar profundamente, una hora de relax escribiendo y leyendo. Rosa aprovecha para columpiarse en un sombreado balancin y leer esos kilométricos libros gordos que nunca se acaban de leer. Yo aprovecho para escribir un poco sobre nuestras vivencias por este país y de nuevo releo una y otra vez el libro  sobre  Nepal.




Actividad 4: Baño de elefante
 



A las 10:30 habíamos quedado de nuevo con nuestro guía para que nos llevase a dar un baño con los elefantes. Una vez en la orilla del río, el mahout (cuidador de elefante) se adentra en las aguas y el elefante empieza a rociarle con su trompa chorros de agua.



Nos invita a que nosotros lo hagamos, pero ninguno de los cuatro estamos por la labor, aunque debo de reconocer que me hubiera gustado. No íbamos preparado con ropa de baño, y además francamente, pudiendo ver el oscuro color del agua, tampoco nos atrevimos. Quizás la desconfianza o preocupación de ser aguas contaminadas ni lo intentamos.
Pero una pareja de jóvenes japoneses no tuvieron tanto problema. Ya iban preparado con ropa de baño, así que al agua pato. Tuvimos un rato divertido.



Actividad 5: Paseo por las aldeas




Una vez que terminamos con el baño del elefante, Rosa y yo nos fuimos a dar un paseo por las aldeas de Sauraha (esto realmente no era  una actividad planteada en el paquete que teníamos contratado, pero lo he incluido como algo más, que hicimos y que fue interesante).



Si nos apartamos de la calle central de Sauraha, en donde se encuentran todas las tiendas y guest house, y nos trasladamos a la zona interior del campo, descubriremos la auténtica Sauraha, en donde los campesinos viven en humildes casas construidas de adobe y rodeadas de algunos pequeños huertos.


Nos adentramos por unos senderillos entre varias plantaciones de arroz. Desde lejos ya veíamos algunas de las casas a las que nos dirigimos. Pasamos por el interior de algunas de ellas.
 A nuestro paso, los críos corretean detrás de nosotros, algunos nos piden “dólares”, otros que le demos cualquier regalo, y otros simplemente nos saludan y se ríen.

 Aprovechamos para darles algunos bolígrafos a los críos, ellos contentos saltan de alegría. A la señora que sale con un crío pequeño, le damos algo de dinero.


Cuando vinimos a Nepal, después de la tragedia del terremoto, teníamos claro que no solamente queríamos aportar nuestra ayuda económica por el hecho de venir y gastar en el país, sino que además queríamos aportar dinero a todas aquellas familias que veíamos que lo necesitaban. Y este es el caso.
Son viviendas construidas de forma muy rudimentaria y casi de forma artesanal, con lo justo para vivir, sin ningún tipo de pretensión económica. Viven al día, con lo que sus cosechas les dan. En una de las casas sorprendemos a una de las madres amamantando a su bebe, al lado, los más jóvenes comen y rebañan con la mano el poco arroz que les queda.


Actividad 6: Paseo en canoa por el río Hapti

 Después de almorzar, a las 15:30 quedamos de nuevo con nuestro guía para para navegar en canoa por el río Hapti.


 Una vez montado los cuatro, nuestro guía y el barquero, nos pusimos en marcha. El silencio de nuevo con nosotros. El agua estaba mansa y tranquila, pendientes de alguna pista que nos intuyera la visualización de algún cocodrilo. A los pocos minutos ya vemos uno, junto a la orilla del río. ¡Escalofriante!, que cerca está.

 Seguimos  avanzando y al poco tiempo pasa uno por delante de nuestra canoa. Critma, nuestro guía, lleva un palo largo, por si lo tuviera que utilizar en caso de necesidad. Parece que el cocodrilo no tiene hambre, así que por suerte para nosotros, pasa de largo. Esto no es un reportaje de televisión, es un cocodrilo en vivo y en directo.




El río serpentea en varias ocasiones, y la corriente de agua en algunos tramos parece arrastrarnos. El remero se deja llevar y busca la corriente del río. Cuando nos acercamos a la orilla más frondosa, vemos a las aves, algunas con unos bellos coloridos.
La paz y el silencio siguen siendo nuestros únicos aliados. Solo una barca con una familia nepalí va por delante de nosotros.


Las canoas vacías vuelven al lugar de origen, solo tiradas por el remero.
Nosotros volveremos por otra zona del río, una vez que hayamos hecho la ruta a pie por la selva.
Me imagino este río en épocas de más afluencia turística, lleno de canoas con decenas de personas montadas en ellas. En ese caso creo que difícilmente los cocodrilos se dejasen ver. Insisto, tenemos mucha suerte al estar disfrutando de este bello entorno tan virgen prácticamente solos.
Tras casi una hora navegando por el rio, llegamos a nuestro destino, atracamos la canoa, y nuestro guía nos plantea la siguiente actividad, hacer una ruta a pie por el interior de la selva. La pareja de ingleses dicen que ellos no van, no les apetece (o quizás no lo han dicho, pero les da algo de respeto adentrarse en plena selva) y además no llevan calzado ni indumentaria adecuados para tal fin. Así que nosotros tres haremos la ruta.


Actividad 7: Ruta a pie por el interior de la selva



Lo primero que nos dijo nuestro guía fue que vistiésemos con ropa obscura y no colores llamativos ni claros. Nos quiso poner sobre aviso por si aparecía aguna fiera.

 Los tres poco a poco nos fuimos adentrando en la selva. ¡Hombre, tengo que reconocer que un poco de respeto si que llevaba! En la cabecera se coloco el guía, detrás Rosa y en la cola yo. Claro, si venía un tigre, que empezara a comer por el final. Así que de vez en cuando, y de reojillo miraba hacia atrás.

Nuestro guía llevaba un bastón largo (por un momento pense que yo también tenía que haber traido mis palos de trekking, por si acaso), pero francamente, creo que de poco le habría servido, ya que en un par de ocasiones al escuchar unos extraños ruidos pegó un sobresalto, y ademas con ese cuerpo tan recortado, las bestias no hubieran tenido ni  para merendar.
Pocos animales de momento estamos viendo, más que pocos, ninguno. Muchas aves y bonitos pájaros de colorines. Lo que si hay, y muchos, son  gigantes termiteros, algunos nos superaban a nosotros en altura, y muchos árboles retorcidos con curiosos perfiles, y raices que se pierden de forma aerea en busca de otros árboles.

En el camino un par de huellas de tigre (según nuestro guía), uno no nos preocupaba porque marcaba en dirección contraria, pero otra huella más fresca (insisto, según el, yo no entiendo de huellas) apuntaba hacia nuestra misma dirección. Esa si me preocupó.

 De momento me vinieron a la cabeza varias escenas de animales descuarizadores de personas intrépidas. Pero después pensé, aquí tan cerca, y ademas estos felinos raramente se ven por aquí, y además se van a arriesgar los guías de que nos “coman los tigres”, entonces yo mismo, y con mi propio argumento convincente,  ya me tranquilicé ¡Uf, Lo que faltaba! Las nubes se fueron concentrando y ennegreciendo por segundos, a los pocos minutos empezó a llover fuertemente. Ahora si que tenían una gran oportunidad los tigres con nosotros. Empezamos a acelerar nuestro paso, no por los tigres, sino porque nos estabamos poniendo empapados…y de pronto alla a lo lejos vemos un grupo de ciervos, un macho con dos potentes cuernos y varias hembras que intentan escabullirse entre el follaje.


Una tupida cortina de lluvia se interponia entre el objetivo de mi cámara y los cérvidos, pero a pesar de la lejanía los pude fotografiar.
Nuestras botas hacian agua, ya no nos importan los charcos, el barro; todos para nosotros. Tras una hora de ruta por esta bella selva, allá a lo lejos vimos varias chozas y el centro de cria de elefantes, en el que también hay un pequeño museo explicativo sobre el Parque Nacional. Allí nos estaban esperando la pareja de ingleses. Esperamos un poco a que la tormenta pasara, nos dirigimos al río y allí una baquichuelas nos pasaron a la otra orilla, dando aquí por finalizada nuestra marcha en la selva.

Día 12. Chitwan-katmandú

Actividad 8: Avistamiento de pájaros



A las 6,30 de la mañana habíamos quedado de nuevo, en este caso para contemplar algunos de esos pájaros en su amanecer (no era algo que nos hiciera especial ilusión), había que madrugar bastante, pero bueno, por ser la última actividad, tampoco nos la vamos a perder. De hecho los ingleses no vinieron, prefirieron dormir.

 Andamos durante unos quince minutos por las aldeas hasta que llegamos a un bosque junto al río y en la entrada del Parque Nacional. El silbido de los pájaros de oían por todas partes, era difícil verlos pero algunos sí que lo conseguimos ver. En una hora ya estamos de vuelta.
Desayunamos a las ocho y a las nueve salía nuestro autobús hacia Katmandú. Así que nuestro guía nos acercó con el todoterreno, dando aquí por finalizada nuestra estancia en Chitwan.

 
 Este si que era un autobús autentico nepalí en el que tendremos que ir sentados durante los 170 km que nos separa hasta Katmandú, y las seis hora y media de duración. Menos mal que junto a los asientos hay un pequeño ventilador que no dejamos de apuntar para que nos ventile. Hace muchísimo  calor, y el aire acondicionado que tenemos es abrir las ventanas y el fresco de ese pequeño aparato.

 En los asientos de al lado van los cuatro muchachos holandeses que ya vimos cuando montamos en elefante. Han realizado una cooperación y han estado ayudando en una escuela, además de sus escapadas viajeras. Durante un rato estuvimos charlando e intercambiando las correspondientes opiniones sobre Nepal. El resto de los pasajeros son nepalies, unos entran y otros salen. Solo nosotros llegamos hasta katmandú.
La carretera infernal, mas que carretera, pista de tierra en algunos tramos: baches, adelantamientos suicidas, curvas, subidas, bajadas…las carreteras en Nepal se hacen interminables.
Hicimos una parada de media hora para comer algo, nosotros con unas galletas, unos plátanos y agua ya teníamos bastante.
Aprovechamos para dar un donativo en donde compramos el agua. Una señora con un crío desnudo en sus brazos nos atiende, en un horno de barro al igual que hace cientos de año preparan algo de comida. Estaba claro que esa familia tenía pocos recursos, con lo que le echamos una mano.
De nuevo al autobús, y de nuevo a rezar. Nuestro chofer adelanta siempre, da igual si puede o no, el caso es adelantar, y si viene uno de frente ya se apartará, frenará…o caeremos al barranco, que por cierto tiene una buena altura…y abajo el caudaloso río.
A las 14:30 llegamos a katmandú. Shishir nos estaba esperando ya con un coche. Fuimos al hotel en el que ya estuvimos, y ya toda la tarde libre por Katmandú. Como era mediodía y no habíamos comido,  nos fuimos al barrio de Thamel, almorzamos en un buen restaurante que a la vez era un hotel, ubicado en una de las calles más comerciales del barrio de Thamel. La  la tarde la dedicamos a regatear y efectuar algunas compras.
Cuando paseamos por katmandú y vemos esos tendidos electricos, todos nos hacemos la misma pregunta, ¿Cómo es posible que eso pueda funcionar? ¿Cómo detectan el fallo en caso de una avería? ¿Qué cable va a cada edificio? Es una maraña de cables aereos que cruzan a cada extremo de la calle.
Uno de los días que estuvimos en katmandú vimos una explosión en una de las torretas de esos interminables cables. ¿Solucionaron el problema? ¿Cómo?. La gente asustada miraba al lugar del fogonazo, todos como sorprendidos de este destello…es curioso lo normal que puede ser acostumbrarse a algo que para otros no es normal…

 
Día 13. Valle de Katmandú: Patán y Bhaktapur
 




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