jueves, 18 de diciembre de 2008

Playa del silencio, Cudillero (Asturias) Agosto/05



PLAYA DEL SILENCIO ( COSTA OCCIDENTAL ) ASTURIAS




Quizás la playa más bella de España. Eso fue lo primero que pensé al asomarme a ese impresionante acantilado desde el que contemplé los roques de piedra salpicados en el mar, mientras, mi mirada se desplazaba lentamente, y hacía una descripción casi perfecta de esta hermosa costa.


La playa del Silencio está situada entre Luarca y Cudillero , formando parte del Paisaje Protegido de la Costa Occidental asturiana, de ahí que las playas se encuentren vírgenes, sin explotar y sin que el hombre haya alterado su fisonomía natural.



Para llegar a esta playa hay que hacerlo desde el pueblo de Castañeras en la N-632 entre Soto de Luiña y Novellana , del cual sale un camino de tierra que nos llevará directamente hasta la playa del Silencio, tiene forma de concha y una longitud aproximada de 500 metros.
El silencio de esta playa solo se ve perturbado cuando las olas rompen en la orilla y golpean en las innumerables rocas salpicadas por toda la costa.

Desde lo alto del acantilado nos espera una vertiginosa bajada en la que a base de escalones, y siempre mirando hacia la costa, nos acerca cada vez más, hasta que al final , acariciamos su arena, sus piedras y un olor intenso a mar se penetra en nuestro cuerpo, formando parte en ese momento de un espectáculo visual.
La gran mayoría de visitantes que ven esta playa, lo hacen desde arriba, están 10 minutos, la fotografían y se despiden. Esto es como un insulto a un tesoro creado por la naturaleza.


La playa de Silencio hay pisarla, abrazarla, pasearla, divisarla, y sobre todo reflexionar, meditar, pensar; y todo ello mientras pasan las horas sentado en una simple roca sin dejar de contemplar tal belleza.
Si la mirada la desplazamos hacia la diestra nos topamos con una impresionante pared curva que a su vez sirve de abrigo para innumerables aves donde allí descansan en sus nidos, y si la mirada la giramos hacia la dirección opuesta, la vista nos invita a pasear hasta descubrir el final de la misma. Donde parecía que ésta tocaba a su fin, no era más que el principio de la playa más hermosa que jamás mis ojos habían visto. En lo alto un bosque de Abetos se asomaba al mar, en el mar un sinfín de islotes de distintos tamaños y formas dibujaban una imagen difícil de olvidar, y al final de la playa, una pequeña cascada de agua vierte su líquido para morir en la arena, y entre tanto la bruma va acariciando el horizonte y la tarde empieza a caer.
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